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Cuando nosotros confiamos en nosotros mismos y en nuestro orgullo, Dios no trabaja con nosotros. Pero cuando nos humillamos ante su mano poderosa y reconocemos que lo necesitamos, Él derrama una gracia que lo cambia todo.
Dios NO habita en templo hecho por manos humanas, sino en el Templo que Él hizo.
Recapacitar es un momento en que tú te detienes, evalúas cómo estás y tomas decisiones para hacer cambios. Jeremías deliberadamente trajo de nuevo a su mente la misericordia de Dios, y esto provocó esperanza en su vida.
Solo en Dios, la condición más seca en nosotros o en nuestra vida o como iglesia puede reverdecer al percibir el agua.
Fe sin paciencia hará que la fe se extinga en el tiempo. Pero tener paciencia sin fe hace que esperemos en cualquier cosa.
Nosotros tenemos que ver en nuestra vida que nuestra oración no es el último recurso, sino es el primer reflejo en nuestra vida de fe viva.
Nuestra comprensión de la verdad divina es limitada por nuestra propia condición espiritual. No puede recibir la verdad profunda con oídos tapados, sordos, espiritualmente insensitivos.
Seguiremos soñando hasta que veamos su voluntad. Nos movemos a favor de la palabra de Dios, no a favor de nuestras probabilidades. Y eso es vivir una vida de fe.
La energía que yo necesito hoy no me la da el maná de ayer, me la da el maná de hoy. Si estoy viviendo de una relación pasada, estoy viviendo de un recuerdo.
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