"Ten la seguridad que en mis muchas o pocas fuerzas, en el silencio de mi Trapa, te estoy gritando: hermana, ama a Dios, déjate amar y no hagas más. Alma de Dios, que quieres entregarte a Él, ¿a qué esperas? ¿por qué sufres? ¿por qué lloras? ¿por qué ríes? Nada de esto te inquiete ni te importe. Inúndate en ese Amor, sube y vuela hasta Él. Y si caes, qué más te da. Caes tú, y tú no eres nada. Vuélvete a levantar y vuelve a volar. Con Dios, todo se puede, todo se olvida. No hay palabras, hermanilla, no hay palabras. Solo hay una, que es el amor. Y cuando ese amor se refiere a Dios, lo mejor es el silencio", San Rafael Arnáiz Barón.