En Brasil, en un acto de aniversario cargado de simbolismo, el presidente, Lula da Silva, defendió que no haya “perdón” y pidió “castigos ejemplares” contra quienes “atentaron contra la democracia” el 8 de enero de 2023, cuando a una semana de su asunción miles de simpatizantes del expresidente Jair Bolsonaro invadieron y depredaron las sedes de los tres poderes en Brasilia.
“Democracia inquebrantable” fue el lema del acto institucional preparado por el Palacio presidencial del Planalto en el salón negro del Congreso, para recordar la jornada de los actos vandálicos.
Lula defendió que “todos los que financiaron, planearon y ejecutaron el intento de golpe” sean responsabilizados.
“No hay perdón para quien atenta contra la democracia y su propio pueblo. El perdón sonaría como impunidad. Y la impunidad, como salvoconducto para nuevos actos
terroristas”, dijo el presidente , principal orador.
El presidente brasileño reunió a los presidentes del Senado, Rodrigo Pacheco; de la corte, Luis Roberto Barroso; y del Tribunal Superior Electoral (TSE), Alexandre de Moraes,
además de gobernadores y ministros.
“Si el intento de golpe hubiese tenido éxito, la voluntad del pueblo habría sido robada. Y la democracia, destruida. Brasil estaría sumergido en el caos”, aseguró Lula.
Sin nombrarlo, el mandatario calificó al expresidente Bolsonaro -investigado por la corte como posible instigador y autor intelectual del 8 de enero- como “golpista”, y advirtió que “adversarios políticos y autoridades podrían haber sido fusilados” como “alentó y sus seguidores tramaron” en redes sociales.
De los 2.170 que llegaron a ser presos por la asonada, treinta fueron condenados por haber participado en los actos antidemocráticos, por delitos como golpe de estado y asociación criminal. La corte brasileña prevé juzgar a 146 reos hasta abril de este año.
(Marcelo Silva de Sousa, corresponsal en Brasil)