En Argentina, la economía empezó a sentir las consecuencias del fuerte ajuste anunciado por el ministro Luis Caputo, y donde más se está notando es en la suba de precios que se encontraban atrasados.
Por ejemplo los combustibles, que tuvieron ajustes superiores al 30% en un día. De esta forma, ahora el litro de nafta volvió a su precio tradicional de un dólar. A su vez, hay aumentos en el sensible rubro de alimentos, pero en menor medida porque el proceso de aumentos ya venía fuerte desde hacía un mes. Las últimas mediciones indican que la inflación semanal de los alimentos viene a un ritmo de 6%. Y se da por descontado que la inflación de diciembre superará largamente el 20%.
Esto ocurre sin que todavía se haya puesto en práctica otra medida altamente inflacionaria, como el reajuste de tarifas de servicios públicos, que regirá recién a partir de marzo.
En contraste, la buena noticia es que el mercado financiero sigue reaccionando positivamente a los anuncios, lo cual se refleja en la caída del dólar en el mercado paralelo. Ayer el blue cerró a 990 pesos argentinos, lo que en el gobierno es celebrado como un gran logro, al tener en cuenta que esto ocurre después de una devaluación del tipo de cambio oficial.
Es la diferencia más importante respecto de la devaluación que había hecho Sergio Massa en agosto. En aquella oportunidad, la suba del dólar oficial generó un efecto de contagio sobre todos los paralelos, de manera que la brecha entre los dos mercados seguía estando por encima del 140%.
Ahora, esa brecha se redujo a un 23%, un nivel inédito por lo bajo. Y el ministro Caputo apuesta a que esa sea la clave del éxito del plan. Primero porque un nivel bajo de la brecha estimula a los productores agrícolas a exportar, con lo cual lograría un refuerzo de las reservas. Pero, además, si el dólar paralelo no se mueve, entonces los ahorristas se verán tentados a quedarse en los bancos, aun cuando la tasa del plazo fijo sea muy inferior a la inflación. Es algo que Caputo argumentó en entrevistas televisivas, donde dijo que los argentinos no van a hacer la comparación entre la tasa que le paga el banco y el nivel de la inflación, sino que van a comparar la tasa contra el dólar, y que al verlo estable, van a considerar que quedándose en pesos aumentan su capital.
Si esto sucede, entonces Caputo podrá cumplir con un objetivo importante de su plan: Retirar pesos del mercado al mismo tiempo que baja las tasas de interés. Con esa contracción de pesos, el ministro aspira a que la inflación pueda empezar a frenarse rápido.
De hecho, en el gobierno creen que el pico se dará ahora, entre diciembre y enero, pero que en febrero ya habrá una desaceleración. Pero para que eso se cumpla es necesario que se pongan en práctica medidas fiscales que requieren aprobación parlamentaria, como la suba de algunos impuestos.
Y otras medidas, que apuntan a la desregulación de varias actividades, desde el empleo público hasta los alquileres, estarán contenidas en un decreto de necesidad y urgencia que se comunicará durante el día.
(Fernando Gutiérrez, corresponsal de Argentina)