En 1998, hace exactamente 21 años, a Honduras la devastó el fenómeno natural de mayor impacto en la historia reciente del país, las cifras oficiales, aunque no estemos acostumbrados a creer en ellas, son irremediablemente frías: 5.657 muertos, 8.058 desaparecidos, 12.272 heridos, 1,5 millones de damnificados, 285.000 personas que perdieron sus viviendas tuvieron que refugiarse en más de 1375 albergues temporales. El Mitch arrastró a Honduras hacia un
panorama de incertidumbre absoluta.
El Mitch marcó el punto de partida de nuevas emergencias en el país, un país que ya venía mostrando signos de deterioro en los tejidos sociales. La migración hacia los Estados Unidos se profundizó porque quienes sobrevivieron al huracán en su mayoría no tenían hogares a los
cuales retornar, en muchos casos, fueron barrios enteros los que el huracán hizo desparecer.
El Mitch no solo cambió la geografía de los lugares más afectados, también sumó la ineludible decisión de migrar, porque hacia finales de 1998 las esperanzas debían buscarse lejos, allá en el norte. Esto se traduce en la justificación para la solicitud y el otorgamiento por parte del gobierno de los Estados Unidos de un estatus de protección temporal (TPS) para los centroamericanos afectados por el desastre natural.