El debate fue: ¿por qué los placeres culposos tienen que serlo? Nadie debería sentirse mal de ver, escuchar, o comer con gusto lo que a la sociedad disgusta. Confesar el pecado es suficiente para que sea perdonado, así que cuéntanos sobre tus guilty pleasures. Aquí nadie te juzgará…
A menos, claro, de que te guste Valentín Elizalde. Ahí sí tendríamos que hablar.
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