El matrimonio formado por Fred y Rosemary West parecía idílico, tenían muchos hijos y ante los vecinos derrochaban simpatía.
De puertas adentro su casa se convertía en un infierno donde: las torturas, el abuso, las violaciones, las humillaciones... y el asesinato, eran asunto del día a día.
Un claro ejemplo de que los monstruos son reales y que a veces cuesta reconocerlos.