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Cristiano bíblico es aquel que ha considerado seriamente el único remedio divino para el pecado.
La Biblia nos dice una y otra vez que el Dios Todopoderoso tomó la iniciativa de hacer algo por el hombre, o sea el pecador. Los versículos que algunos aprendimos en nuestra niñez enfatizan la iniciativa de Dios para dar un remedio a lo pecaminoso del hombre: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”; “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”, “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó… nos dio vida juntamente con Cristo” (Juan 3:16; 1 Juan 4:10; Efesios 2:4-5).
Following Jesus resembles coming to Jesus, just as a long journey resembles the first stage of it. The two are similar, for every act of following is a fresh coming. They also coexist, for all who truly come, follow. Yet they can be distinguished in our minds, just as following a guide can be thought of as something more than first applying to him. When the tract of country through which we travel is difficult, dangerous, and unknown, it is essential that we secure the services of a competent person to show us the road and assist us in it. We put confidence in him and act on his instructions. We keep our eye on him, watch his steps, and tread where he treads. We do not venture from the path he takes, nor lag behind so as to lose sight of him; but we do our best to keep near him, and willingly rid ourselves of any unnecessary luggage rather than be left behind.
Pero el problema de una mala trayectoria no es el único problema. Tenemos también otro problema: el problema de un corazón malo. La Biblia enseña que el problema de nuestro pecado surge no solo de lo que hemos hecho, sino también de lo que somos. Cuando Adán pecó, no solo se hizo culpable ante Dios, sino que también su naturaleza se volvió corrupta y contaminada.
Jeremías 17:9 describe esta contaminación: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Jesús la describe en Marcos 7:21: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios”, después de lo cual menciona diversos pecados de los que en la actualidad podemos leer todos los días en la prensa: homicidio, adulterio, blasfemia y soberbia. Jesús afirmó que estas cosas brotan de una fuente de contaminación: el corazón humano. Fíjate bien que no dijo: “Porque de afuera, por la presión de la sociedad y sus influencias negativas, surgen los homicidios, adulterios, soberbias y robos”. Esto es lo que los supuestos sociólogos eruditos nos dicen. Afirman que es “la condición de la sociedad” lo que produce crímenes y rebeldías; Jesús dice que es la condición del corazón humano.
¿A qué me refiero cuando digo “el problema de una trayectoria mala”? Estoy usando esa terminología para describir lo que las Escrituras nos dan como la doctrina de la culpabilidad humana debido al pecado. Las Escrituras nos dicen claramente que comenzamos nuestra trayectoria mala mucho antes de existir sobre la tierra: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).
Amar a Dios, no es un asunto de sentimientos y palabras pomposas de nuestros labios; Sino de someter nuestra voluntad, para vivir conforme a Su Palabra; tener nuestros sentimientos y deseos enfocados, en conocer Su Palabra; y poner al servicio nuestra mente, para grabar Su Palabra en nuestro corazón y así poder cumplirla.
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