Se acaba 2025, otro año marcado por la inestabilidad, los conflictos y una sensación generalizada de desgaste colectivo. Guerras que se prolongan sin solución, tensiones políticas cada vez más extremas y una sociedad que parece avanzar tecnológicamente mientras retrocede en empatía. En este contexto, el cine vuelve a convertirse en refugio, en espejo incómodo y en espacio de resistencia. Las películas que destacamos este año son una prueba clara de ello.
Nuestra selección de 2025 dialoga directamente con la memoria, la identidad, la soledad contemporánea y la necesidad de encontrar sentido en un mundo que parece fracturarse constantemente. Historias íntimas que hablan de lo colectivo, miradas personales que acaban reflejando algo profundamente universal.
Entre nuestras nominadas comenzamos con Aún estoy aquí, un drama profundamente humano que mira al pasado para entender el presente. A través de la historia de una familia brasileña marcada por la dictadura militar, la película reflexiona sobre la memoria histórica, el dolor que no se cierra y la resiliencia silenciosa de quienes sobreviven cuando el sistema falla. Un recordatorio de que olvidar nunca es una opción inocente.
Desde un tono aparentemente más ligero, La balada de Wallis Island se adentra en la nostalgia, la soledad y el poder de la música como vínculo emocional. Una historia sobre segundas oportunidades, sobre lo que ocurre cuando el arte se convierte en refugio frente al aislamiento y el paso del tiempo. Humor, melancolía y humanidad conviven en una película que habla de conectar cuando ya parecía demasiado tarde.
El retrato más frío y contemporáneo llega con On Falling, una de las miradas más certeras del año sobre la precariedad laboral y la deshumanización en la era de los algoritmos. A través del día a día de una trabajadora inmigrante, la película muestra cómo la eficiencia, los números y la productividad vacían de sentido las relaciones humanas, dejando individuos cada vez más solos, cansados y desconectados.
La familia y la memoria vuelven al centro en Sentimental Value, una película que reflexiona sobre lo no dicho, las heridas heredadas y la dificultad de comunicarse incluso entre quienes se quieren. El cine, el recuerdo y el paso del tiempo se entrelazan en una historia delicada y profundamente emocional sobre padres, hijas y la necesidad de cerrar círculos antes de que sea demasiado tarde.
En Train Dreams, el cine adopta una forma más clásica y contemplativa para hablar del tiempo, la pérdida y la pequeñez del ser humano frente a la naturaleza y la historia. Ambientada a principios del siglo XX, la película es una meditación sobre la vida sencilla, el amor, la muerte y la huella casi invisible que dejamos al pasar por el mundo.
Cierra nuestra selección Un simple accidente, una obra contundente y política que convierte el cine en acto de resistencia. A través de una historia aparentemente mínima, la película plantea grandes preguntas sobre justicia, memoria, culpa y venganza en contextos de represión. Un recordatorio poderoso de que filmar, en ciertos lugares y momentos, sigue siendo un gesto profundamente valiente.
Las películas de 2025 que celebramos en este podcast comparten algo esencial: no miran hacia otro lado. Hablan de memoria histórica, de precariedad, de identidad, de heridas familiares, de resistencia y de humanidad en tiempos difíciles. Cine comprometido, íntimo y valiente que demuestra, una vez más, que cuando el mundo se vuelve insoportable, las salas oscuras siguen siendo uno de los mejores lugares para pensar, sentir y resistir.