En este capítulo de Crónicas de un Nuevo Día, partimos desde un gesto íntimo: un mensaje de audio enviado a mi sobrina y ahijada tras los resultados de la primera vuelta presidencial, respondiendo a su inquietud sobre el clima político y el miedo que hoy sienten muchos jóvenes.
A partir de ese momento personal, abrimos la conversación hacia lo colectivo: qué significa vivir en un país inquieto, pero sostenido por instituciones que funcionan. Hablamos del miedo, de la incertidumbre y de la responsabilidad afectiva que tenemos con las nuevas generaciones, junto con el rol de las instituciones democráticas, que no dependen del ánimo externo ni del ruido digital, sino de normas, contrapesos y límites que impiden que un país se desarme por un mal resultado electoral.
Este episodio es, a la vez, una carta de calma y un recordatorio de cómo opera el sistema político chileno. Una invitación a respirar, a pensar, y a recordar que ningún presidente —por muy autoritario que intente mostrarse— puede salirse de los márgenes que la Constitución y el Estado de Derecho le imponen.
Un capítulo sobre el miedo, sí, pero también sobre la lucidez necesaria para enfrentarlo sin dejar que nos consuma.