
Sign up to save your podcasts
Or


Un paciente con dolor epigástrico, lipasa alta y un equipo entero listo para actuar: TAC precoz, ERCP, ayuno, fluidos agresivos. Todo parece lógico. No todo está bien.
En este episodio revisamos pancreatitis aguda desde lo que realmente cambia decisiones al lado de la cama: cómo diagnosticar sin sobrepedir, cómo pensar la etiología sin caer en automatismos, cómo reconocer gravedad de verdad y cómo intervenir sin tratar de calmar nuestra propia ansiedad clínica.
Hablamos de por qué la lipasa importa más que la amilasa, por qué el TAC precoz suele aportar más falsa seguridad que utilidad, por qué la gravedad no se define al ingreso sino en la evolución de las primeras 48 horas, y por qué hacer más no siempre significa tratar mejor.
También pasamos por varios clásicos que siguen apareciendo en la práctica: fluidoterapia excesiva, “reposo pancreático”, antibióticos por reflejo, ERCP urgente sin colangitis e intervenciones precoces sobre necrosis que todavía no toca tocar.
Un episodio sobre evidencia, fisiología y criterio clínico. Porque en pancreatitis aguda, muchas veces el error no viene por falta de acción, sino por no saber cuándo frenar.
Fuentes citadas en el episodio: guías 2025 de la Asociación Internacional de Pancreatología y la Asociación Americana de Páncreas; guías 2024 del Colegio Americano de Gastroenterología; WATERFALL (NEJM, 2022); PONCHO (The Lancet, 2015); POINTER (NEJM, 2021); TENSION (The Lancet, 2018); Guilabert y cols. (Gastroenterology Clinics of North America, 2025); McDermott y cols. (JAMA Surgery, 2024); Beij y cols. (United European Gastroenterology Journal, 2025).
¿Y si las guías de sepsis 2026 no fueran el gran avance que algunos venden, sino una forma más sofisticada de ordenar la incertidumbre? En este episodio abrimos una pregunta incómoda: cómo un documento puede emitir recomendaciones fuertes cuando la evidencia que las sostiene es, muchas veces, de muy baja certeza.
Acá no vas a encontrar un resumen obediente ni una lectura complaciente. Vas a encontrar una disección crítica de las nuevas guías de la Surviving Sepsis Campaign: qué cambió de verdad, qué sigue siendo herencia histórica disfrazada de estándar, y qué puntos parecen responder más a la necesidad de auditar procesos que a una comprensión real de la fisiopatología.
Hablamos del famoso 30 ml/kg, de la sobrecarga hídrica, del glicocálix, de la reanimación guiada por medidas dinámicas, de la remoción activa de fluidos, del llenado capilar, de la presión arterial media y de los antibióticos: cuándo correr, cuándo frenar y cuándo la guía, en vez de aclarar, apenas cambia la decoración del problema.
Porque en sepsis el verdadero riesgo no siempre es no hacer suficiente. A veces es hacer demasiado, demasiado rápido y con una seguridad que la evidencia no merece. Y cuando eso pasa, la diferencia entre seguir una guía y pensar críticamente deja de ser académica. Pasa a ser clínica. Pasa a ser real.
Este episodio no viene a tranquilizarte. Viene a incomodarte donde importa.
¿Cuánto daño cerebral producimos por no entender la fisiología y refugiarnos en el protocolo?
En este episodio de Crónicas desde la UCI, para la UCI, el ACV isquémico deja de ser una lista de pasos y vuelve a ser lo que realmente es: una carrera brutal entre la penumbra salvable y la necrosis irreversible. Porque un NIHSS bajo no siempre significa un evento menor, un AIT no siempre es “solo un aviso”, y una tomografía sin hallazgos no siempre autoriza a relajarse. Kletsel y Ham, en Stroke of Insight (2026), recuerdan además que la circulación posterior sigue siendo experta en disfrazarse de vértigo banal, náuseas o ataxia. Gao y colaboradores, en New England Journal of Medicine (2023), obligan a replantear la respuesta precoz frente al evento menor o transitorio de alto riesgo.
Este capítulo entra donde más se decide el pronóstico: núcleo de infarto, penumbra isquémica, mismatch, circulación colateral y tiempo tisular real. Los estudios DAWN y DEFUSE-3, publicados en New England Journal of Medicine(2018), cambiaron el tablero: ya no se trata solo de mirar el reloj, sino de identificar si todavía queda cerebro por rescatar. La imagen dejó de ser decorado; ahora manda.
También revisamos lo que cambió en reperfusión: el valor actual de la angiotomografía, el rol del mismatch difusión-FLAIR en el wake-up stroke, el lugar de la tenecteplasa como nuevo estándar en las Guías 2026 y la selección moderna de pacientes para trombectomía, incluso en núcleos extensos, a la luz de SELECT2, ANGEL-ASPECTS y RESCUE-Japan LIMIT (2023). Porque abrir un vaso no siempre es ganar; a veces también puede ser la antesala de una catástrofe hemorrágica.
Pero donde este episodio aprieta de verdad es en el manejo post-reperfusión. OPTIMAL-BP, publicado en JAMA (2023), y ENCHANTED2/MT, en Lancet (2022), dejan una lección incómoda: la meta de presión no la define la costumbre del servicio, sino el resultado de la recanalización. Si el vaso abrió, la hiperperfusión puede matar. Si sigue cerrado, bajar la presión puede sepultar la penumbra. Mismo diagnóstico, fisiologías opuestas. Y tratarlas igual no es estandarizar; es cometer iatrogenia con convicción.
Además, revisamos la neuroprotección que sí existe: no la que promete milagros farmacológicos, sino la que evita daño secundario real. Glicemia, temperatura y CO₂. SHINE, en JAMA (2019), mostró el costo del control intensivo de glucosa. ReCCLAIM I enfrió el entusiasmo por la hipotermia. Y una hiperventilación “inocente” puede estar robándole flujo al tejido que aún intenta sobrevivir.
Cerramos con transformación hemorrágica, clasificación ECASS-Heidelberg, edema maligno, hemicraniectomía descompresiva, inmunodepresión post-stroke y prevención secundaria precoz. Vahedi y colaboradores, en Lancet Neurology (2007), DESTINY II, en New England Journal of Medicine (2014), y OPTIMAS, en Lancet (2024), ayudan a ordenar una verdad incómoda: en stroke, muchas veces el problema no es no tener protocolo. Es creer que entenderlo basta sin pensar.
¿Es el alza decreatinina una señal de falta de agua o un grito de auxilio de todo el sistema? En la práctica diaria, la elevación de este marcador suele gatillar un reflejo automático: la carga de fluidos. Sin embargo, la evidencia actual sugiere que este "dogma del agua" podría estar haciendo más daño que bien.
En este episodio de Crónicas desde la UCI para la UCI, nos alejamos de las recetas de cocina para diseccionar la fisiopatología real de la AKI. Analizamos por qué debemos dejar de ver al riñón como una simple tubería y empezar a entenderlo como una fábrica de alta tecnología que, ante la inflamación y el estrés, decide "apagar las luces" —un arresto del ciclo celular— para sobrevivir al terremoto metabólico.
Exploramos conceptos disruptivos que están redefiniendo el manejo en la unidad crítica:
Marcadores de Estrés vs. Daño: Por qué esperar a la creatinina es llegar tarde y cómo el uso de biomarcadores como TIMP-2 e IGFBP-7 nos ofrece una ventana de intervencióntemprana.
Tolerancia vs. Respuesta: La diferencia vital entre un paciente que sube su gasto cardíaco con volumen y uno que realmente puede tolerarlo sin que su riñón —un órgano encapsulado— se ahogue en congestión venosa.
El Protocolo VEXUS: Por qué la ecografía al pie de la cama no es negociable y cómo identificar el flujo pulsátil en la vena porta puede ser la señal definitiva para suspender los fluidos.
Fisiología de Vasopresores: El rol de la vasopresina en la arteriola eferente y el peligro de la carga de cloro en los cristaloides no balanceados.
Finalmente, abordamos la "paciencia activa" en la terapia de reemplazo renal. Basándonos enlos estudios STARRT-AKI y AKIKI-2, discutimos por qué la urgencia por dializar puede retrasar la recuperación renal y cómo navegar con seguridad el limbo entre la AKI y la enfermedad crónica (AKD).
Un episodio para médicos que buscan menos rito y más razón al pie de la cama del paciente crítico.
Fuentes:
Ostermann, M., Lumlertgul, N., et al. (2025). "Acute kidney injury". TheLancet. DOI: 10.1016/S0140-6736(24)02385-7
Riccardi, M., Pagnesi, M., Metra, M., et al. (2025). "Severe acute kidney injury in the intensive care unit: step-to-step management". European Heart Journal: Acute Cardiovascular Care. DOI: 10.1093/ehjacc/zuaf084
Argaiz, E., et al. (2022). "Fluid management in acute kidney injury: from evaluating fluid responsiveness towards assessment of fluid tolerance". European Heart Journal: Acute Cardiovascular Care. DOI: 10.1093/ehjacc/zuac104
Gaudry, S., et al. (The AKIKI 2 Trial Investigators). (2021). "Comparison of two delayed strategies for renal replacement therapy initiation for severe acute kidney injury (AKIKI 2): a multicentre, open-label, randomised, controlled trial". The Lancet. DOI: 10.1016/S0140-6736(21)00350-0
Wald, R., et al. (The STARRT-AKI Investigators). (2020). "Timing of Initiation of Renal-Replacement Therapy in Acute Kidney Injury". The New England Journal of Medicine. DOI: 10.1056/NEJMoa2000741
Pickkers, P., et al. (2021). "The intensive care medicine agenda on acute kidney injury". Intensive Care Medicine.
Visualicen al paciente en su quinto día. Balance acumulado de +12 litros. Anasarca, quemosis y edema de pared. Fenotípicamente, es una esponja saturada. Sin embargo, la ecografía muestra un ventrículo hiperdinámico y una cava que colapsa.
Esta es la paradoja más cruel de la medicina intensiva: Sobrecarga corporal total con hipovolemia intravascular efectiva. ¿Cómo sacamos ese líquido atrapadosin precipitar la isquemia tisular o una injuria renal aguda?
En este episodio de Crónicas desde la UCI para la UCI, dejamos de lado las recetas simplistas para diseccionar la biología molecular del desastre. Entendemos que la fuga capilar no es solo un problema de "agujeros", sino una falla de señalización crítica en el eje Angiopoyetina-Tie2. Analizamos cómo la Angiopoyetina-2 desplaza a su contraparte protectora,internaliza la VE-cadherina y activa la heparanasa, digiriendo elglicocálix y dejando al endotelio funcionalmente desnudo.
Pero el problema no termina en el vaso. Exploramos el concepto de presión intersticial subatmosférica (Dull & Hahn, 2023), donde el tejido inflamado actúa como una aspiradora que succiona volumen, y discutimos el modelo de tres compartimentos de Hahn (2025), que nos explica por qué el líquido entra en minutos pero tarda días en salir del "espacio de intercambio lento".
Finalmente, estructuramos la solución: el Arte de la Des-resucitación. Hablamos de la estrategia ROSE, pero nos centramos en la fase de Evacuación. Definimos la Tasa de Relleno Plasmático (Plasma Refill Rate) como el límite de velocidad fisiológico que no debemos cruzar, y detallamos el Bloqueo Secuencial de la Nefrona (Asa + Tiazida + Acetazolamida/Espironolactona) y el rol fisiológico (y controversial) de la albúmina en la fase de recuperación endotelial.
Este episodio es un manual para dejar de pelear contra la fisiología y empezar a usarla a nuestro favor. Porque secar a un paciente no es solo abrir la llave del diurético; es entender los tiempos del endotelio.
Nos escuchamos en el próximo episodio. Mientras tanto, que cada pase de visita sea un pequeño laboratorio: menos rito, más razón; menos culto al número, más ciencia básica bien fresca en la mente.
Fuentes:
Joffre, J., et al. (2025). "Vascular leakage during circulatory failure: physiopathology, impact and treatments". Annalsof Intensive Care. DOI: 10.1186/s13613-025-01474-8
Hahn, R.G. (2025). "Where does the fluid go?". Annals of Intensive Care. DOI: 10.1186/s13613-025-01579-0
Dull, R.O. & Hahn, R.G. (2023). "Hypovolemia with peripheral edema: What is wrong?". Critical Care. DOI: 10.1186/s13054-023-04496-5
Pfortmueller, C.A., et al. (2024). "Fluid accumulation syndrome in sepsis and septic shock: pathophysiology, relevance and treatment—a comprehensive review". Annals of Intensive Care. DOI: 10.1186/s13613-024-01336-9
Messina, A., et al. (2025). "Individualized fluid optimization and de-escalation in critically ill patients with septic shock". Current Opinion in Critical Care. DOI: 10.1097/MCC.0000000000001230
Pantet, O., et al. (2025). "Advances in resuscitation andderesuscitation". Current Opinion in Critical Care. DOI:10.1097/MCC.0000000000001235
Silversides, J.A., et al. (2020). "Fluid management and deresuscitation practices: A survey of critical care physicians". Journal of the Intensive Care Society. DOI: 10.1177/1751143719846442
Chen, X., et al. (2024). "Fluid deresuscitation: A narrative review". Journal of Translational Critical Care Medicine. DOI: 10.1097/TCCM.0000000000001198
¿Cuántas veces has ajustado el ventilador mecánico mirando únicamente la PaCO2 como un objetivo aislado, sin preguntarte qué ocurre realmente con el flujo sanguíneo? En el manejo del paciente crítico, reducir el dióxido de carbono a una simple variable ventilatoria es un error que nos ciega ante la realidad del transporte de gases y la perfusión tisular.
En esta entrega de Crónicas desde la UCI, nos alejamos de la"receta de cocina" para entender por qué el CO2 es, en realidad, un informante clave de la hemodinamia. A diferencia del oxígeno, su curva de disociación es prácticamente lineal, lo que lo convierte en un marcador mucho más predecible y precoz de la disfunción circulatoria. Como señalan Levy y Mallat en sus revisiones de 2025, cuando el transporte falla,el CO2 se estanca, revelando una desconexión macro microcirculatoria que marcadores como el lactato a veces tardan en mostrar.
Lo que analizaremos en este episodio:
El Delta de CO2 como brújula de flujo: Exploramos cómo el gradiente veno-arterial (P(v−a)CO2) define conductas. Si el delta es >6 mmHg, el problema es flujo. Basándonos en las guías ESICM 2025, discutimos cuándo optimizar lacontractilidad en lugar de insistir con fluidos.
Capnografía Volumétrica y Eficiencia: Más allá de la curva en el tiempo, analizamos el espacio muerto (VD/VT). Un VD/VT elevado puede ser el verdadero culpable de un fracaso en el weaning, haciendo la carga respiratoria inasumible (BenitesAlbanese MH, et al., 2019).
Ajuste de PEEP y Reclutamiento: Cómo detectar la sobredistensión iatrogénica mediante el monitoreo del espacio muerto antes de comprometer el flujo capilar.
La Regla del 4 y el RCP: Estimación del gasto cardíaco a la cabecera y el uso del EtCO2 como el parámetro de oropara medir la calidad de las compresiones y detectar el retorno a la circulación espontánea (ROSC).
Este episodio integra la fisiología con la toma de decisiones al pie de la cama, utilizando el caso de "Don Patricio" para ilustrar cómo el balance hídrico y el soporte inotrópico se vuelven más precisos cuando escuchamos lo que el metabolismo tiene que decirnos.
"Menos rito, más razón. Menos culto al número y más ciencia básica bien fresca en la mente".
Artículos Científicos:
Guinot PG, Evezard C, Nguyen M, Pili-Floury S, Berthoud V, Besch G, Bouhemad B; Lactel Study Group.Treatmentof Acute Circulatory Failure Based on Carbon Dioxide-Oxygen (CO2-O2) Derived Indices: The Lactel Randomized Multicenter Study. CHEST. 2024. DOI: 10.1016/j.chest.2024.11.021.
Mallat J, et al. Use of CO₂-derived variables in critically ill patients. Annals of Intensive Care. 2025. DOI: 10.1186/s13613-025-01569-2.
Su L, Tang B, Liu Y, Zhou G, Guo Q, He W, Wang C, et al. P(v a)CO₂/C(a-v)O₂-directed resuscitation does not improve prognosis compared with SvO₂ in severe sepsis and septic shock: A prospective multicenter randomized controlled clinical study. Journal of Critical Care. 2018. DOI: 10.1016/j.jcrc.2018.09.009.
Pérez-Nieto OR, Deloya-Tomas E, Reyes-Monge RA. Pv-aCO₂ and Pv-aCO₂/Ca-vO₂ in shock resuscitation: physiologically appealing, but challenging in resource-limited ICUs. Intensive Care Medicine. 2025. DOI: 10.1007/s00134-025-08250-z.
Benites Albanese MH, et al. Capnografía volumétrica y su aplicación en la monitorización de la ventilación mecánica. Revista Chilena de Medicina Intensiva. 2019.
En este episodio de Crónicas desde la UCI, para la UCI desmontamos uno de los dogmas más persistentes —y peligrosos— de la medicina intensiva: la normalización del lactato a toda costa.
Discutimos por qué el concepto de “clearance” puede transformarse en una trampa cognitiva y estadística, ocultando la fisiología real del paciente. Analizamos cómo la evidencia reciente, incluyendo las guías ESICM 2025 y los estudios del grupo ANDROMEDA, nos obliga a abandonar el lactato-centrismo y avanzar hacia un monitoreo multimodal más inteligente, integrando herramientas clínicas simples pero potentes como el tiempo de llenado capilar y otros marcadores de flujo.
Fuentes:
En este episodio damos vuelta —literal y conceptualmente— al decúbito prono. No como receta automática frente al SDRA grave, sino como lo que realmente es: una intervención fisiológica mayor, con efectos profundos sobre la mecánica pulmonar y la hemodinamia. El mensaje central es incómodo pero necesario: el prono no salva vidas porque suba la PaO₂, sino porque reduce el daño inducido por el ventilador y descarga al ventrículo derecho.
Partimos desmontando un dogma clínico: la mejoría de la PAFI no predice sobrevida. La evidencia del PROSEVA y revisiones posteriores muestran que el beneficio real está en cómo el prono redistribuye stress y strain, homogeneiza la ventilación y transforma un “pulmón pequeño y frágil” en un pulmón funcionalmente más grande y estable. El modelo de la “esponja” de Guérin permite entender por qué: en supino, el pulmón dorsal colapsa por compresión gravitacional y el ventral se sobredistiende; en prono ocurre lo contrario, con reclutamiento neto posterior y una pared torácica anterior que se vuelve rígida y actúa como escudo contra la sobredistensión.
Pero el episodio va más allá del pulmón. Desde la fisiología cardiovascular, se explica cómo el SDRA empuja al paciente a los extremos peligrosos de la curva en “U” de la resistencia vascular pulmonar: atelectasia atrás y sobredistensión adelante, ambos elevando brutalmente la poscarga del ventrículo derecho. El prono saca al sistema de esos extremos y lo lleva al “valle” de menor resistencia: abre vasos colapsados, libera capilares comprimidos y, muchas veces, permite bajar el PEEP. Resultado: descarga del VD, aumento del gasto cardíaco y, en pacientes con cor pulmonale agudo, una verdadera terapia de rescate circulatorio.
Se revisan indicaciones prácticas: SDRA moderado–severo (PaO₂/FiO₂ <150) pese a ventilación optimizada, inicio precoz (12–24 h), sesiones prolongadas (≥16 h) y suspensión solo cuando la oxigenación se mantiene estable en supino. Se insiste en no abandonar el prono solo porque los gases no mejoren: la protección mecánica y hemodinámica puede estar ocurriendo igual.
Finalmente, se aborda el escenario más crítico: el paro cardíaco en prono. Lejos de ser una rareza improvisada, hoy es una técnica protocolizada: compresiones sobre columna torácica media, contrapresión efectiva, monitorización con línea arterial y EtCO₂, y desfibrilación en posiciones alternativas. Girar al paciente es la excepción, no la regla.
Cierre del episodio: el prono no es cosmética gasométrica. Es una intervención que protege al pulmón, cuida la circulación pulmonar y descarga al corazón derecho. Menos culto al número, más fisiología en la cabecera del paciente.
Artículos científicos citados
Guérin C, Albert RK, Beitler J, Gattinoni L, Jaber S, Marini JJ, et al. Prone position in ARDS patients: why, when, how and for whom. Intensive Care Medicine. 2020. DOI: 10.1007/s00134-020-06306-w.
Vieillard-Baron A, Boissier F, Pesenti A. Hemodynamic impact of prone position. Let’s protect the lung and its circulation to improve prognosis. Intensive Care Medicine. 2023. DOI: 10.1007/s00134-023-07001-2.
Bhatia N, Yaddanapudi S, Aditya AS. Prone cardiopulmonary resuscitation: Relevance in current times. Journal of Anaesthesiology Clinical Pharmacology. 2022; 38(Suppl 1): S8–S12. DOI: 10.4103/joacp.joacp_421_21.
En este episodio abordamos uno de los temas más fascinantes y, al mismo tiempo, más subestimados de la medicina intensiva: la interacción cardiopulmonar. Ese “vecindario peligroso” en el que corazón y pulmón conviven apretados dentro del tórax, influyéndose mutuamente en cada respiración, en cada ajuste del ventilador y en cada decisión que tomamos al pie de la cama.
El punto de partida es claro: no hablamos de órganos en compartimentos estancos. El tórax es una cavidad rígida donde cualquier cambio de presión modifica simultáneamente la mecánica respiratoria y la hemodinamia. Comprenderlo no es un lujo académico; define por qué algunos pacientes mejoran dramáticamente y otros se desploman después de una intervención que, en apariencia, “solo” era respiratoria.
Revisamos qué ocurre durante la respiración espontánea en presión negativa y cómo ese esfuerzo puede descargar o estrangular funcionalmente al ventrículo izquierdo en la falla cardiaca. Luego contrastamos este escenario con la ventilación mecánica en presión positiva y su impacto directo sobre el retorno venoso, la poscarga del ventrículo derecho y la resistencia vascular pulmonar, incluyendo la clásica curva en “U”: atelectasia, sobredistensión y el frágil punto medio de la capacidad residual funcional.
Profundizamos en conceptos clave para la práctica: retorno venoso como gradiente, PVC como presión de oposición y no como marcador simple de volumen, interdependencia ventricular en serie y en paralelo, y el modo en que el PEEP puede reclutar pulmón… o precipitar un cor pulmonale agudo. También discutimos la congestión venosa sistémica inducida por ventilación y su precio para órganos como el riñón y el hígado.
Llevamos esta fisiología a decisiones concretas: variación de presión de pulso, “tidal volume challenge”, evaluación de respuesta a fluidos, elevación pasiva de piernas, fallo del ventrículo derecho en ventilación mecánica, hipotensión inducida por PEEP y edema pulmonar asociado al destete. Revisamos además el rol de la auto-PEEP en EPOC y el riesgo hemodinámico durante la intubación en shock, enfatizando la necesidad de soporte vasopresor previo a la inducción.
El eje del capítulo es simple y exigente: cada ajuste en el ventilador es una intervención cardiovascular. Abandonar el pensamiento por compartimientos y comprender el acoplamiento corazón–pulmón cambia la conducta clínica, reduce errores y explica muchos fracasos del destete, paros en la inducción y shocks “inexplicables” tras subir la PEEP.
Si algo no queda completamente claro al escucharlo por primera vez, es normal: la fisiología real es compleja, pero tremendamente práctica. La invitación es a mirar el monitor, el ventilador y la línea arterial con otra lógica: menos ritual, más mecanismos; menos cifras aisladas, más sistema integrado.
Bibliografía
Yuriditsky E, Mireles-Cabodevila E, Alviar CL. ATS Scholar, 2025. DOI: 10.34197/ats-scholar.2024-0059HT
Jozwiak M, Teboul JL. Annals of Intensive Care, 2024. DOI: 10.1186/s13613-024-01356-5
Joseph A, Petit M, Vieillard-Baron A. Current Opinion in Critical Care, 2023. DOI: 10.1097/MCC.0000000000001124
En este episodio de Crónicas desde la UCI, para la UCI, nos metemos con una de las trampas más frecuentes del turno: ver 20 ml/h a las 03:00 y asumir, por reflejo pavloviano, que “falta volumen”. El problema no es la oliguria: es lo que hacemos para calmarnos a nosotros mismos. Porque si el “pásale 500 de Ringer” se repite sin pensar, en 48 horas tienes un paciente con balance positivo enorme, congestión venosa, peor intercambio gaseoso… y el riñón igual de silencioso.
La tesis es incómoda (por eso vale): oliguria no siempre es injuria renal. Muchas veces es una respuesta fisiológica adaptativa—el “éxito renal”—mediada por ADH, simpático y RAAS en dolor, estrés quirúrgico o enfermedad crítica. Revisamos por qué el umbral KDIGO de 0,5 ml/kg/h no es una cifra mágica sino un límite físico de diuresis obligada… y por qué, en el mundo real (hola, obesidad), calcular con peso real sobrediagnostica AKI y empuja a iatrogenia por fluidos.
Luego entramos al escenario donde más nos equivocamos: sepsis. La macro puede verse “bien” mientras el riñón falla por microcirculación, edema intersticial y, sobre todo, por lo que solemos ignorar: el lado venoso. Si sube la presión venosa, baja el gradiente de perfusión renal. Resultado: el ciclo vicioso perfecto (oliguria → fluidos → más PVC → más congestión → menos diuresis).
¿La salida? Menos ritual y más fisiología aplicada: evaluación hemodinámica real (y dinámica), búsqueda activa de congestión, y cuando corresponde, usar el Furosemide Stress Test como herramienta diagnóstica para diferenciar oliguria funcional de daño tubular con riesgo de progresión. Cerramos con el “arte de no hacer nada” cuando toca… y con cómo descongestionar con estrategia cuando el riñón está ahogado, no seco.
Bibliografía
Klein SJ, et al. Oliguria in critically ill patients: a narrative review. Journal of Nephrology. 2018. DOI: 10.1007/s40620-018-0539-6
Ostermann M, Shaw AD, Joannidis M. Management of oliguria. Intensive Care Medicine. 2022. DOI: 10.1007/s00134-022-06909-5
Ostermann M, Awdishu L, Legrand M. Using diuretic therapy in the critically ill patient. Intensive Care Medicine. 2024. DOI: 10.1007/s00134-024-07441-4
From the publisher's feed