Imagina que estás en tu día a día, trabajando, estudiando, dirigiendo un hogar, etc. con todas esas actividades extras, ir al gimnasio, pasear a las mascotas, visitar amigos, familia, novio, novia, etc. Pues vivir en misión es, a través de una relación profunda con el Señor, hacer cada una de esas cosas con un propósito, abrir nuevas oportunidades para presentar el evangelio a toda persona en todo lugar.