Un pergamino olvidado por un alquimista islandés iba a permitirle al profesor Otto Lidenbrock viajar al centro de la Tierra. Así lo imaginó Julio Verne en 1864. En 2019, el deportivismo no imagina: contempla con sus propios ojos el más profundo precipicio conocido por el ser humano. El alquimista, un señor de Segovia. Los de las perforadoras que hollan el camino, muchos. Uno de Jaén, otro de Vilagarcía y 20 muchachos venidos de todas partes para esta empresa única: perpetrar una caída a un pozo sin fondo. Benjamín y Manuel se ponen el casco con linternita para, tras una semana cogiendo resuello, descender a lo más abyecto del fútbol, esa sombra densa en la que solo habita el miedo ancestral y el Dépor de esta temporada. Por el camino les pasan antorchas (para iluminar y/o para quemar a quien lo merezca) Miguel y Artabrias; ven a Paco Zas todavía en el campo base tirándoles cuerda para el descenso; ven las perlas que brillan con el color de la sangre como hitos en el camino; ven desierta la vitrina del Premio Djalminha; ven un futuro como productores ejecutivos de una serie en la TVG; y poco más ven. Es tan terrible lo de este Deportivo que este episodio de ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast consigue lo más ruin: espantar un polvo.