Habiéndole encargado el himno del club a un coruñés como Xoel López, el Deportivo podría haberle solicitado la canción del verano al vigués Iván Ferreiro que hizo fama y fortuna cantando aquello de que “el equilibrio es imposible”. Desde las oficinas de Abegondo o de la rúa Nova (lejos queda aquello de ubicar el centro del poder blanquiazul en la plaza de Pontevedra) continúan afanándose en encontrarle la cuadratura al círculo a base de hacer las cosas muy bien y las cosas muy mal. Ojalá el resultado de su fórmula fuese la suma cero, que nos quedáramos como estábamos, esto es, felices y unidos en el recuerdo de aquella tarde tormentosa de Valladolid cuando el Deportivo confirmaba su regreso a Primera División con un sentimiento de plenitud y unidad de acción que para sí quisiera Fuenteovejuna. Pero la realidad es que la suma del verano que emocionó a Mitroglou (si incluso El Verano de Angeliño ha resultado ser, efectivamente, El Verano de Angeliño, lo nunca escuchado en una edición estival de ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast) y la resta de la campaña de abonos y las cláusulas de Marathón Inferior no proporcionan el equilibrio que, reiteramos, es imposible porque las cuentas salen diferentes en función de las circunstancias particulares de cada cual. La operación diseñada por el club permite que un joven no abonado y enamorado de los mercados de fichajes y los sobres FUT sienta que está viviendo el punto álgido de su vida deportivista y que, al mismo tiempo, un veterano con décadas de abonos en la grada de General se sienta más triste que nunca con la institución. Al cabo, el Deportivo está abriendo brechas que pueden ser generacionales, ideológicas, o de clase, cada cual que elija la suya, entre su propia masa social a cuenta de un asunto que, acaso por cobardía, no se atreve a señalar con el dedo de forma inequívoca para que toda su afición se pueda al menos sentir informada. A la vez, se abre a una pantomima negociadora con unos interlocutores que, a la vista de las trincheras que se vuelven a cavar, tampoco satisfacen a la diversidad del deportivismo porque a unos les duelen los precios, a otros les duelen los controles, a otros la libertad de expresión, y hay algunos en las redes sociales a los que, por lo visto, lo que les duele es España. Y, con la competición a la vuelta de la esquina y la posibilidad cierta de que Follando Soriano reclute a otra figura internacional más, pues Benjamín y Manuel, abonados resignados, quisieran quitarse la cara de culo que llevan con todo y aplaudir a los suyos pero, Arsenio que estás en los cielos, trabajo nos cuesta.