Fuenteovejuna, los cien mil hijos de San Luis, la marcha del millón de hombres, el 15M, las swifties, o cualquier otra manifestación comunitaria de unidad de espíritu y acción: ahí nos encontramos las y los deportivistas, todos a una, fusionados en un solo latir blanquiazul, despojándonos de cualquier rencilla o discrepancia estúpida, para concentrar nuestra energía como la “forza universal/genki dama” de Son Goku y suministrarla específicamente en la perilla de Antonio Hidalgo, el vórtice en el que convergen todos nuestros deseos e ilusiones de ascenso. Lo hemos decidido así sin necesidad de que medie ni una sola palabra, ni gestos ni miradas apasionadas, que cantó la Rubio, porque todos entendemos la importancia del momento y de que el líder de la nave se convenza de que nunca hubo energía negativa alrededor del equipo, siempre positiva, tan solo una pizca de preocupación y aburrimiento ante la injustificabilidad de los buenos resultados. Un par de autobuses con bengaleo, un par de previas bien armadas, y un par de partidos de fútbol (e incluso más) bien jugados por el equipo han bastando para declarar el estado de armonía. Tan solo faltaba ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast para santificar las fiestas y decir que sí, que amén a todo, y que nosotros también entendemos que lo pasado, pasado está: un escupitajo en la mano y un apretón (de manos) para sellar esta entente cordial y ponernos todos a remar en la misma dirección para que nada enrarezca el ambiente en torno a una oportunidad que cuando nos veíamos compitiendo contra la Balompédica Linense nos parecía quimérica: el Deportivo está a ocho partidos de poder ascender directo a Primera División y, para los que aún recordamos un despeje de cabeza salvador de Borja Galán en las postrimerías de un partido en Comemierda que nos salvó de hundirnos, el escenario nos resulta bastante más impresionante que todo lo que nos puedan contar los informativos sobre el viaje más largo de la humanidad al espacio. Para odisea, la nuestra. Para aventura, la que nos espera estas semanas. Menos mal que ahora Benjamín y Manuel también sentimos el abrazo colectivo para poder llevar mejor las situaciones que nos aguardan. Fe no Dépor e ferro a fondo.