Una tarde de domingo en Albacete, un balón cualquiera, uno que se tenía que haber ido largo, uno que podía haber sido despejado con facilidad, acabó rebotando hacia Sabin Merino. El Bebeto euskaldun apenas supo cómo reaccionar, acomodó la parte de su anatomía que más cerca estaba de la pelota y dejó que el esférico impactase contra ella como única vía para que ese balón acabase en la red rival, el equipo local comprendiese que frente a aquello no había nada que hacer y el Deportivismo celebrase alborozado el (redoble, por favor) fóquin Arreón de los Buenos. Ahí lo tenemos, al Dépor de Vázquez, de Vidal, de Barral (déjenlo trabajar, que se nos muere del estrés), fuera del descenso. Así que Benjamín y Manuel seguimos surfeando el tubo de la ola buena, enchidos de populismo bien, y abrazados a Miguel y Artabrias como el deportivismo se abraza también en las redes sociales. Es todo tan armonioso que hasta La Voz se atreve con las Perlas Ensangrentadas, Uxío vuelve con La Apuestaza, nos entran las ganas de Pantomima y Lucas Pérez encuentra el amor (y puede que nosotros nuestro final a manos de las cepedistas). Estamos en tal plenitud que ni el cierre del Feirón nos preocupa. Chimo Bayo grabó esto a fuego entre neones y hielo seco: “Así me gusta a mí”.