“Amigas y amigos, muy pocos son... los que hoy... no... convienen con todos... en que el Deportivo mejoró... y mucho desde entonces”. Sea lo que sea que quiso decir la Esfinge Mariana en esta ocasión, nos parece que lo podemos aplicar al Deportivo, que está mejor, sí, pero que sigue más o menos igual de mal… O igual de bien. Fuera del descenso se vive mejor. Cerca del descenso, como aún seguimos, se vive, y punto. En el Gabinete de Asuntos Extraordinarios que es este club singular, un jugador que anuncia su marcha desde la piscina de su casoplón se queda unos días más para celebrar una remontada memorable desde una grada vacía; otro jugador que parecía mudo habla al fin para clavarnos un puñal y dejarnos sin el mejor jugador del mundo en lapsos de cinco segundos (Miguel dixit); y menos mal que nos queda otro futbolista que nos parece el mejor del mundo durante más tiempo (o al menos el mejor de la Segunda Division, Artabrias dixit) y nos enseña cómo alegra empatar cerca del final cuando ibas a perder, si bien estás también triste porque creías que ibas a ganar hasta que un señor con aversión a los televisores decidió que no. Entre tanto, Vidal hace un “all in” de populismo bien con la camiseta que no le pertenece, seica; otros van a por lana perlada y salen trasquilados; Bravo Samurai se coloca a la misma distancia de Albert Rivera que de un sándwich de jamón y queso; y sucede otro mogollón de sinsentidos de los que hablamos por no estar callados. ¿Ah, que se ha marchado Tere Abelleira? No, no sabemos de qué nos está hablando, la verdad.