El mayor ser de luz del planeta Tierra, Ricard Rubio (pestañas como abanicos de plumas, extremidades larguísimas, conservador de la asistencia de baloncesto como una de las bellas artes), acostumbra a compartir el mantra “Never too high, never too low”. Si el Deportivo tuviese sección de baloncesto jamás podría contratar al buda del ‘man bun’. Todo es demasiado en el deportivo (“demasié pa’l body”, en pollaviejil), demasiado alto o demasiado bajo, y no encontraréis en este nuevo episodio el fiel que mantenga la balanza en el justo medio: seremos equidistantes, pero no equilibrados. Benjamín y Manuel escalan la cima futbolística que supuso la épica victoria ante el Huesca para acto seguido despeñarse con la derrota en Málaga. Con la boca aún llena de tierra tras aterrizar de bruces, observan la distancia con el descenso y se detienen durante tres horas a pensar qué va a ser de ellos: escuchan a Artabrias y Miguel para ver si tienen alguna respuesta; creían que el Dépor era el club en el que hasta la abuela fuma, pero resulta que quien lo hace es el padre de todos nosotros, Fernando Vázquez; se preguntan qué le habremos hecho a Vicente Gómez para que nos trate así; y esencialmente debaten sobre si hay algo que compense este martirio prometeico (y si ese algo es una toalla de playa y un acceso privilegiado al fútbol en tiempos del coronavirus). Al fin reincorporados, se preparan para las tres jornadas de infarto que vienen y para perseguir y aniquilar a todos los que hablaban de que había que luchar por el playoff de ascenso. Sabemos quiénes sois. Temed nuestra ira. Vamos muy locos.