Cuando llega el fin de semana, el cuerpo lo sabe. Lo sabía Christian Santos, quien nos lo demostraba bailando en aquellos titktoks que ya nunca volverán porque, desde que lo hemos visto en su presentación con un equipo de la Bundesliga 2 hablando en perfecto merkeliano, ahora solo podemos imaginarlo discutiendo la filosofía hegeliana con peluca y puñetas. Cuando ¡Cuánto sufrimos, Martín! se graba en fin de semana, los cuantosufriliebers también lo saben, para su desgracia. Benjamín y Manuel descorchan una botella de vino al principio de este episodio que no sobrevivirá a la grabación y que terminará acompañada por unos intentos de coctelería casera. En su cabeza creen que están diciendo cosas interesantísimas acerca del CSD, LaLiga del NODO y la política municipal; sobre las peñas deportivistas que vienen; sobre las cámaras de besos y los baños de las estaciones de autobuses; sobre los futbolistas que llegan, los que se quedan y los que se van sin estruendo de platos (por el camino hemos dejado escapar a un tal Eladio que se hacía llamar “ileidy”, the most SegundaB-thing ever. Jamás te lo perdonaremos, Barral) y sobre apenas nada más, porque (wait for it) no nos dio tiempo. En más de cuatro horas. Ya. La sobriedad la ponen Miguel y Artabrias. La ebritas y los perdones por adelantado van a cuenta de los que se despertaron el domingo pensando qué demonios habrían dicho la noche anterior. Rubiales, o pones el fútbol a andar pronto, o nos buscas la ruina.