Estando el Deportivo en llamas, asomose al fin a un micrófono el presidente Vidal y, con los súbditos aguardando cisternas de agua, prefirió sacar un lira e interpretar por enésima vez la tonada del Populismo Bien. Hay gente que quiere ver el mundo arder. Si el incendio se sofoca será por las lágrimas de angustia que derramemos Benjamín y Manuel durante los episodios que le resten a esta empresa podcastil, otrora una depresión geográfica y de las otras; ahora, directamente, un abismo. ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast confía en las buenas intenciones de la gente, pero la realidad del Deportivo es extraordinariamente tozuda y solo habla mal de todo el mundo. En tan solo siete días el primer disparo con la bala del cambio de entrenador resultó ser de fogueo y el Dépor se llevó un revolcón del Compostela que ni en los tiempos de Romano Sion, el Ronaldo Picheleiro; el león yació con el cordero (que es otra forma de decir que presidencia y ultras estarían en buenos términos, según acusaciones del ojetecalorismo despechado); fichamos a un brasileño baturro, porque ya no nos alcanza para cariocas de pura cepa; “la propiedad” ordena desplumar al mirlo blanco; y, entre rasgar y rasgar de lira, el timonel del barco insiste en que la única ruta es la línea recta hacia el iceberg y que, o se aparta esa masa de hielo, o ya veremos. Cómo será la cosa que hasta Miguel y Artabrias empiezan a perder su calma habitual. El Deportivo es un club de película y ahora mismo nos sentimos como dos extras en “Los últimos días de Pompeya”.