NO SE PODÍA SABER. Ni cuando depende de sí mismo, ni cuando depende de los demás; ni cuando las posibilidades son favorables, ni cuando todo está en contra; ni por la fortuna propia, ni por la desgracia ajena; ni por haches, ni por bes. Al Deportivo nada le puede salir bien, ni siquiera por casualidad. ¿El club ha hecho méritos sobrados para que sea así? Seguro. ¿A estas alturas ya hemos traspasado un límite de reveses que hace que la cuenta nos empiece a salir a devolver? Pues también. La simulación en la que un demiurgo cruel desarrolla un experimento consistente en despojar a miles de aficionados de ElMejorClubDelMundo de cualquier resquicio de un sentimiento que se parezca mínimamente a la ilusión, continúa. Igual que dos de las cobayas del experimento, Benjamín y Manuel, continúan registrando cada nuevo éxito de ese laboratorio de la desesperanza en un podcast que se llama ¡Cuánto sufrimos, Martín! (“sufrimos”, presente continuo). Por él desfilan Miguel y Artabrias, follatenores y folladiseñarores, twitcheros flojos, trincheristas de banquillo y cobradores del moroso, CMs ultraiagoaspistas, Miguel Juane y Manolito Aller, bancos venidos a más y accionistas venidos a menos, futbolistas que se irán y barrales que permanecerán, mujeres miopes y canciones extrañas. Así que Sísifo, mira y aprende, porque al Deportivo le quedan seis partidos más por delante para sufrir de nuevo hasta el límite con la certeza de que la roca se le acabará cayendo encima de la cabeza. Vosotros lo sabéis, nosotros lo sabemos.