El que espera, desespera. Excepto si se trata de ElMejorClubDelMundo (marca registrada), refugio habitual de toda suerte de prodigios. El Deportivo esperó, y esperó, y esperó, y celebró. Habría que considerar si acaso el cuadro de Borja Jiménez es el mejor equipo de fútbol de la historia, capaz de ganar cuando juega (en Logroño) y cuando no juega (frente al Extremadura en Riazor), de sumar con un balón en juego o sin él. Hazañas de ese calibre no abundan. Como es habitual cuando ocurren fenómenos así de extraordinarios, adelantados a su tiempo, siempre brota una caterva de ignorantes reticentes a aceptar la nueva realidad. Una sinfonía de rebuznos puso música a la semana: “Todo orquestado siempre para beneficiar al Coruña”, se bramaba apretando el puño muy fuerte. Ese Coruña, claro, que ha desarrollado una extraña intolerancia a los favores porque, a la vista de los resultados, no es capaz de metabolizar tanto obsequio ajeno y por eso no ha hecho más que comer mierda hasta caer a las divisiones donde se puede tener una visión mariana (no celestial, sino de las de la fosa). Normal que tanta tontería haya disparado la “noscoméisloshuevos-señal” y Benjamín y Manuel se hayan deslizado por una barra para bajar a los estudios Epi y Blas del mismo modo que los Batman y Robin camp bajaban a la Batcueva, santos morcegos! Por el camino agarraron del brazo a Miguel y a Artabrias, y todos ellos se esmeran en volver a contar qué se siente formando parte de esta secta ascética llamada deportivismo y que encuentra el mismo gozo en golear con Miku y maniatar al rival en campo ajeno, que en esperar a un Extremadura que nunca llega, como Godot. ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast, teatro del absurdo.