Este episodio no va de héroes ni de triunfos fáciles. Va de un Estado que dejó de patear el problema, de una decisión que se tomó cuando ya no había margen para seguir mirando a otro lado. Hablamos de poder, de presión —sobre todo desde Estados Unidos—, del fin del “intocable” y del costo real de gobernar cuando el miedo ya no alcanza para sostener la narrativa. Porque aquí el golpe no fue gratis, y el verdadero problema no es lo que pasó ese día, sino si el gobierno va a aguantar lo que viene después.