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Espiki está a pasos de alcanzar su deseo de inmortalidad. Ahora necesita de recitar en vida unos conjuros extraídos del «libro de los muertos» con el fin de sellar su destino eterno.
Espiki narra dos batallas que le marcaron hasta hoy, para eso revela cómo se enemistó con el Pinto. La segunda historia de lucha involucra una jauría que, al igual que la primera, recurrió a una habilidad especial para superarla. Un momento, parece que no está solo en la cabina. ¿Quiénes habrán pasado a visitarlo?
Espiki cuenta desde su perspectiva el comportamiento que tuvieron los humanos durante el encierro por el COVID-19, ridiculiza sus miedos. El locutor gatuno sabe que podría ofender a algunos podescuchas, así que tapia la puerta de la cabina previniendo una posible invasión de una turba iracunda.
Espiki tratará uno de sus temas favoritos: avistamientos OVNIs. Está listo para roastear al productor sobre su encuentro extraterrestre, pero las cosas no van acordes a lo planeado cuando recibe una inesperada visita de su exesposa Blancota y de su renuente hija Kuata. Ellas desean que cambie su comportamiento, que vaya con un profesional para recibir ayuda. Esto no le parece nada bien a Espiki, pues considera que lo timaron. Les echa la culpa a todos menos a él.
Espiki hace un recuento de su vida paternal, el distanciamiento con su esposa, la expansión de su familia y su papel en impulsarlo a ser un mejor gato, también habla de la pérdida de dos de sus hijas. Sin embargo, la introducción de Blancota le obliga a reconsiderar la percepción romántica equivocada que tenía de su pasado.
Espiki cuenta la laboriosa tarea de cuidar a su humano y el servicio de salvaguarda que le brinda al estar detrás de él todo el día. Una actividad desgastante que nadie le agradece.
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