Cuentos  De Todo El Mundo

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Cuentos De Todo El Mundo episodes

  • Los dinosaurios y los votantes
    Había una vez, en un mundo donde los dinosaurios habían vuelto a caminar sobre la Tierra, una especie de vigilantes muy especial. Estos dinosaurios, conocidos como los "Guardianes Electorales", tenían la sagrada tarea de observar y proteger la integridad de las elecciones en todos los países. Cada vez que se acercaban las elecciones, los Guardianes Electorales se reunían en un lugar secreto y remoto. Allí, se preparaban meticulosamente para su misión. Cada dinosaurio tenía asignada una región del mundo, y se les otorgaba la habilidad de hablar y comprender todos los idiomas para poder comunicarse con los habitantes de cada país. Con su camuflaje natural, los Guardianes Electorales se mezclaban entre la flora y la fauna de cada región, siendo testigos silenciosos de los acontecimientos políticos. Su papel no era intervenir directamente, sino más bien garantizar que los procesos electorales se desarrollaran de manera justa y transparente. Durante el día de las elecciones, los dinosaurios se posicionaban estratégicamente en lugares clave. Observaban a los votantes, a los candidatos y a los funcionarios electorales con miradas penetrantes, asegurándose de que no hubiera manipulación ni corrupción en el proceso. Cuando detectaban alguna irregularidad, los Guardianes Electorales actuaban con rapidez y discreción. Utilizando su fuerza y destreza, se infiltraban en las sombras de la noche y recopilaban evidencias irrefutables. Luego, enviaban sus informes detallados a una organización internacional encargada de investigar y sancionar cualquier intento de fraude electoral. A medida que las elecciones avanzaban en diferentes países, los Guardianes Electorales compartían información entre sí. A través de una red de comunicación secreta, intercambiaban datos y estrategias para enfrentar las diversas formas de corrupción que encontraban en cada rincón del mundo. Aunque su labor era desafiante y a menudo peligrosa, los Guardianes Electorales perseveraban en su misión. Sabían que su trabajo trascendía las fronteras y que al proteger la integridad de las elecciones, estaban defendiendo la voz y la voluntad del pueblo. A lo largo de los años, la presencia de los Guardianes Electorales se convirtió en una leyenda urbana. Algunos creían que estos dinosaurios misteriosos eran criaturas mágicas, guardianes enviados por los dioses para asegurar la justicia en los procesos electorales. Sin embargo, solo unos pocos elegidos conocían la verdad. Los Guardianes Electorales eran una manifestación de la sabiduría y la responsabilidad de las antiguas criaturas que habían una vez dominado el planeta. Habían renacido para proteger uno de los pilares fundamentales de la democracia: la imparcialidad y la transparencia en las elecciones. Y así, los dinosaurios vigilantes continuaron su labor incansable, recorriendo el mundo y protegiendo los derechos de los ciudadanos. Su presencia, aunque invisible para la mayoría, era un recordatorio constante de que la democracia es un tesoro valioso que merece ser protegido y preservado por generaciones venideras.José Pardal
    4 min
  • Terror en Madrid
    En el bullicioso y misterioso Madrid, existía un niño llamado Alejandro de 12 años. Era un chico amable y risueño, pero en el fondo de sus ojos se escondía algo oscuro y perturbador. Su sonrisa encantadora ocultaba un secreto que nadie sospechaba. Un día, mientras Alejandro jugaba en las calles empedradas del centro de Madrid, fue testigo de un extraño ritual que se llevaba a cabo en un antiguo edificio abandonado. Intrigado por la escena, decidió acercarse sigilosamente para observar más de cerca. Lo que presenció aquel día cambiaría su vida para siempre. Un grupo de personas, vestidas con túnicas negras, rodeaba a un niño de aspecto desesperado. La habitación estaba llena de velas parpadeantes y el aire estaba impregnado de un aroma a azufre. Los ojos de Alejandro se encontraron con los del niño, y en ese momento, algo aterrador sucedió. Una fuerza maligna se apoderó de Alejandro, invadiendo su cuerpo y alma. Gritó en un idioma desconocido y pronunció blasfemias sin sentido, mientras su voz se volvía cada vez más gutural. Los presentes, aterrados, se dieron cuenta de que el diablo había encontrado un nuevo huésped en el corazón de Madrid. La noticia de la posesión de Alejandro se extendió rápidamente por la ciudad. Los medios de comunicación se hicieron eco de la historia, y la gente comenzó a evitar las calles donde se decía que el niño poseído deambulaba. Los lugareños se asustaban al escuchar sus gritos demoníacos en la noche y los rumores de su presencia en los oscuros callejones. Una valiente mujer llamada Sofía, una exorcista con experiencia en los fenómenos paranormales, se enteró del caso de Alejandro y decidió enfrentar al mal que lo atormentaba. Con su conocimiento y valentía, se adentró en las profundidades de Madrid en busca del niño poseído. Sofía llegó al edificio abandonado donde Alejandro había sido testigo del ritual, y se encontró con una escena aterradora. La habitación estaba envuelta en una neblina oscura y un viento helado soplaba desde las sombras. Sin vacilar, comenzó a recitar oraciones sagradas y realizar rituales de exorcismo. Mientras Sofía luchaba contra el demonio que habitaba en Alejandro, el niño se retorcía en agonía. Su voz se volvía cada vez más inhumana, y la habitación se llenaba de una energía maligna que amenazaba con consumir todo a su paso. Pero Sofía no se dejó intimidar. Después de una batalla feroz y desgarradora, Sofía finalmente logró expulsar al demonio que había poseído a Alejandro. El niño cayó al suelo, exhausto y desorientado, pero libre de la influencia maligna que lo había atormentado. La noticia de la liberación de Alejandro se extendió rápidamente por Madrid. La ciudad respiró aliviada, pero el recuerdo de aquellos días oscuros nunca se desvaneció por completo. Alejandro, aunque salvado, llevaba consigo las cicatrices de su experiencia, y la gente miraba con cautela aquellos ojos que habían sido habitados por la oscuridad. Con los años, Alejandro creció y se convirtió en un joven amable y respetado en la comunidad madrileña. Sin embargo, siempre hubo un aire de misterio a su alrededor, y la gente nunca olvidó la historia del niño poseído por el diablo en las calles de Madrid. José Pardal
    4 min
  • El conejo Europeo y el conejo
    I. Introducción En un hermoso bosque lleno de árboles frondosos y un río cristalino, vivían dos personajes muy peculiares: el Conejo Europeo y el Cocodrilo. El Conejo era conocido por su astucia y su habilidad para escapar de situaciones peligrosas, mientras que el Cocodrilo era temido por su fuerza y su apetito voraz. II. El encuentro en el río Un caluroso día de verano, el Conejo Europeo decidió ir al río a beber agua fresca. Mientras se acercaba al borde del río, el Cocodrilo emergió de las profundidades del agua y se abalanzó hacia el Conejo, con su boca llena de afilados dientes. III. La astucia del Conejo El Conejo, rápido de pensamiento, se dio cuenta de que necesitaba encontrar una manera de escapar de las garras del hambriento Cocodrilo. Con una voz temblorosa, le dijo al Cocodrilo: "¡Espera! Tengo miedo de cruzar el río. ¿Podrías ayudarme?" El Cocodrilo, sintiéndose confiado en su capacidad para cruzar el río, se ofreció a llevar al Conejo al otro lado. Creyendo que tenía al Conejo atrapado, el Cocodrilo esperó pacientemente mientras el Conejo subía a su espalda. IV. El escape del Conejo Mientras el Cocodrilo esperaba impaciente, el Conejo le dijo: "Espera un momento, Cocodrilo. Antes de cruzar el río, necesito amarrar mi pelo. No puedo dejar que se enrede". El Cocodrilo asintió distraído y esperó mientras el Conejo fingía atarse el pelo con una cuerda invisible. Aprovechando la distracción del Cocodrilo, el Conejo saltó ágilmente de la espalda del Cocodrilo y escapó corriendo por el bosque, riendo y dejando al Cocodrilo desconcertado y enfadado. V. La venganza del Cocodrilo El Cocodrilo, furioso por haber sido engañado por el astuto Conejo, decidió perseguirlo para vengarse. Nadó rápidamente tras el Conejo, con sus fauces abiertas y los ojos llenos de ira. Sin embargo, el Conejo, que conocía bien el poder de la imaginación, decidió usarla a su favor. Se escondió detrás de un gran árbol y comenzó a emitir extraños ruidos y aullidos. El Cocodrilo se detuvo en seco, aterrorizado por el supuesto fantasma que se le presentaba. VI. La lección aprendida El Conejo, viendo la reacción del Cocodrilo, se dio cuenta de que su astucia podía tener consecuencias peligrosas. Salió de su escondite y se acercó al Cocodrilo, quien ahora temblaba de miedo. El Conejo pronunció con seriedad: "Cocodrilo, aprenderemos una lección de esto. No debemos tratar de engañar o lastimar a los demás". El Cocodrilo, humilde y asustado, asintió con la cabeza. Reconoció que había sido imprudente y egoísta al tratar de atrapar al Conejo y comprendió que la honestidad y la amistad eran mucho más valiosas. VII. Conclusión El Conejo y el Cocodrilo se despidieron, prometiendo ser amigos en el futuro. El Conejo entendió que su astucia debía usarse con responsabilidad y el Cocodrilo aprendió la importancia de la honestidad y el respeto hacia los demás. Desde ese día, el Conejo y el Cocodrilo vivieron en armonía en el bosque, recordando siempre la lección aprendida y valorando la amistad por encima de todo. JOSÉ PARDAL
    4 min
  • Megalodon
    Había una vez, en lo profundo del océano, un tiburón blanco llamado Max. Max era un cazador formidable y siempre se mantenía en la cima de la cadena alimentaria marina. Sin embargo, a pesar de su imponente tamaño y fuerza, Max sentía una pasión secreta por la música. Tenía una afinidad especial por el sonido y soñaba con crear sus propias melodías algún día. Un día, mientras nadaba cerca de la superficie, Max decidió tomar un descanso en un arrecife de coral. Se dejó llevar por las corrientes suaves y cerró los ojos para disfrutar de la tranquilidad del océano. En ese momento, una canción comenzó a sonar en su cabeza. La melodía era hermosa y resonaba en su ser de una manera que nunca antes había experimentado. Mientras Max se movía al ritmo de la música en su cabeza, sintió una vibración extraña en el agua. Abrió los ojos y se encontró cara a cara con una sombra gigante que se aproximaba rápidamente hacia él. El agua se agitó y la figura emergió majestuosamente de las profundidades. Era un megalodón, una criatura legendaria que se creía extinta hace millones de años. El megalodón, llamado Magnus, era aún más grande que Max. Su presencia era imponente y su mandíbula llena de dientes afilados parecía capaz de desgarrar cualquier cosa en su camino. Sin embargo, para sorpresa de Max, Magnus no mostraba hostilidad. En cambio, el megalodón parecía intrigado por el tiburón blanco. Magnus nadó lentamente alrededor de Max, observándolo con ojos curiosos. Max, aunque intimidado, no pudo evitar sentirse atraído por la presencia imponente de Magnus. Fue entonces cuando Max notó algo sorprendente: el megalodón también estaba emitiendo música. La canción que Magnus tocaba era profunda y poderosa, como si el océano mismo estuviera hablando a través de ella. Max se dio cuenta de que estaba presenciando algo extraordinario: una conexión musical entre dos criaturas marinas que compartían una pasión común. Max comenzó a moverse al ritmo de la música de Magnus, y los dos se embarcaron en un baile submarino lleno de gracia y armonía. Mientras danzaban en sincronía, sus cuerpos se movían en perfecta coordinación, como si la música los uniera en un nivel más profundo que el de cualquier depredador o presa. A medida que el baile llegaba a su fin, Magnus emitió un último tono melodioso y desapareció en las profundidades del océano. Max se quedó solo, pero su encuentro con el megalodón había despertado algo dentro de él. A partir de ese momento, Max decidió que perseguiría su pasión por la música y crearía sus propias melodías para compartir con el mundo submarino. Desde aquel día, Max se convirtió en el tiburón músico, nadando por los océanos, componiendo canciones y compartiendo su amor por la música con todas las criaturas marinas que encontraba en su camino. Y aunque nunca volvió a ver a Magnus, el megalodón, Max siempre recordaría ese encuentro mágico que le recordó que la música puede unir incluso a las criaturas más dispares en una sinfonía de armonía y amistad.JOSÉ PARDAL
    4 min
  • El conde
    Había una vez, hace más de 400 años, en los tiempos oscuros de la España de los Habsburgo, un hombre llamado Alonso de Guzmán. Conocido como el Conde de Villamediana, era un noble astuto y despiadado que estaba obsesionado con el poder y la riqueza. En aquellos tiempos, España era una tierra donde la corrupción y el abuso de poder estaban a la orden del día. Los nobles y la alta aristocracia se aprovechaban de su posición para enriquecerse a expensas del pueblo. Pero el Conde de Villamediana estaba decidido a superar a todos los demás y convertirse en el más rico y poderoso de todos. El Conde comenzó su plan maestro al darse cuenta de que había una gran oportunidad en el sector inmobiliario. En aquellos tiempos, la tierra era un bien muy preciado y había vastas extensiones de terrenos comunales que pertenecían a los campesinos y al pueblo en general. Estos terrenos estaban protegidos por leyes y tradiciones ancestrales, pero el Conde sabía que podía burlar esas leyes y hacerse con ellos. Utilizando su astucia y su influencia, el Conde de Villamediana comenzó a sobornar a funcionarios corruptos y a manipular a los jueces para que dictaran sentencias a su favor. Lentamente, fue adquiriendo grandes extensiones de tierra que pertenecían al pueblo, despojando así a los más desfavorecidos de sus derechos y propiedades. El Conde también se aprovechó de su posición en la corte real, donde tenía acceso directo al rey y a otros nobles influyentes. Utilizando su encanto y su habilidad para manipular a las personas, convenció a los miembros de la corte de que le otorgaran aún más tierras y privilegios. A cambio, él les ofrecía su lealtad y su apoyo en sus propias maquinaciones corruptas. Con el tiempo, el Conde de Villamediana se convirtió en el propietario de vastas extensiones de tierras en toda España. Sus riquezas crecieron de manera exponencial, y se convirtió en uno de los hombres más poderosos del reino. Sin embargo, su avaricia no conocía límites. A medida que acumulaba más y más tierras, el Conde también comenzó a abusar de su poder sobre los campesinos y los habitantes de las tierras que había arrebatado. Impuso impuestos injustos y draconianos, obligando a la gente a trabajar para él sin recibir prácticamente nada a cambio. Los abusos y la opresión se volvieron moneda corriente en sus dominios. Sin embargo, la historia del Conde de Villamediana no terminó con un final feliz. A medida que su poder y su riqueza crecían, también lo hacían los rumores y las sospechas sobre sus métodos corruptos. Finalmente, sus enemigos conspiraron en su contra y lograron que fuera desterrado. El Conde pasó sus últimos días en el exilio, en la ciudad de Valladolid, lejos de las tierras que había conquistado y los tesoros que había acumulado. Murió solo y abandonado, su nombre manchado por la infamia y la crueldad. La historia del Conde de Villamediana se convirtió en una leyenda negra, un recordatorio de los tiempos oscuros en los que la especulación, la corrupción y el abuso de poder eran moneda corriente en España. Su legado perduró en la memoria colectiva, recordándonos que el poder y la riqueza mal adquiridos nunca son duraderos y que la justicia, aunque tardía, siempre termina por prevalecer.JOSÉ PARDAL
    4 min
  • Acham el guerrero y Lumo
    Había una vez un valiente guerrero llamado Acham, cuyo nombre significaba "el fuerte" en su lengua ancestral. Acham vivía en una época remota, cuando los Palaeoloxodon, los majestuosos elefantes gigantes de colmillos rectos, dominaban las vastas tierras de Europa y Asia occidental. Un día, mientras Acham exploraba los territorios salvajes en busca de alimento, descubrió una cría de Palaeoloxodon abandonada y desamparada. El pequeño elefante, con sus grandes orejas y ojos llenos de inocencia, buscaba protección y afecto. Acham sintió un profundo amor y compasión por la criatura y decidió hacerse cargo de ella. Acham llevó al bebé Palaeoloxodon a su aldea, donde todos quedaron asombrados por la valentía y la nobleza del guerrero. Decidieron nombrar al elefantito "Lumo", que significaba "luz" en su lengua. Acham se convirtió en su protector y padre adoptivo, dedicando todo su tiempo y atención al cuidado y la crianza de Lumo. A medida que Lumo crecía, se convirtió en una presencia imponente en la aldea. Sus dimensiones eran impresionantes, y su piel arrugada y sus colmillos curvados eran símbolos de su linaje ancestral. Sin embargo, Lumo tenía un corazón tierno y un espíritu amigable gracias a la crianza amorosa de Acham. La relación entre Acham y Lumo se fortaleció día a día. Acham enseñó al joven elefante los caminos de la tribu, la importancia de la lealtad y la valentía, y cómo respetar y convivir en armonía con la naturaleza. Lumo, a su vez, llenó la vida de Acham de alegría y compañía, siendo un fiel compañero en todas sus aventuras. Juntos, Acham y Lumo vivieron numerosas hazañas. Exploraron territorios desconocidos, defendieron a la tribu de peligrosos depredadores y protegieron los recursos naturales de su tierra. Lumo demostró una fuerza y una destreza impresionantes, pero siempre bajo la guía sabia y compasiva de su padre adoptivo. La fama de Lumo se extendió más allá de la aldea, llegando a oídos de otros pueblos y tribus. Muchos quedaron asombrados por la relación especial entre el guerrero y el elefante gigante. Acham y Lumo fueron invitados a visitar diferentes comunidades, donde compartieron su historia y enseñaron lecciones de respeto y amor por la naturaleza. Con el tiempo, Acham envejeció, pero su amor por Lumo nunca disminuyó. Sabiendo que su tiempo en este mundo estaba llegando a su fin, Acham llamó a Lumo y le transmitió sabiduría y consejos finales. Le pidió a su querido elefante que continuara su legado de proteger la tierra y cuidar de aquellos que lo necesitaran. La partida de Acham fue un momento de gran tristeza para Lumo y la tribu. Sin embargo, Lumo asumió su responsabilidad con valentía y determinación. Se convirtió en un símbolo de esperanza y protección, liderando a la tribu en la preservación de la naturaleza y en la defensa de su territorio. La historia de Acham y Lumo se convirtió en una leyenda que se transmitió de generación en generación. En los corazones de la tribu, su amor y su valentía perduraron como un recordatorio de la importancia de cuidar de la naturaleza y de los lazos profundos que pueden formarse entre especies diferentes. Lumo mantuvo vivo el legado de su padre adoptivo, guiando a su tribu con sabiduría y protegiendo a los Palaeoloxodon en peligro de extinción. Y así, la historia de Acham y Lumo, el valiente guerrero y su fiel elefante gigante, se convirtió en un cuento épico de amor, protección y respeto por la naturaleza. Su legado vivió en los corazones de aquellos que escucharon su historia, inspirándolos a seguir sus pasos y a lucharpor la preservación de todas las criaturas y los ecosistemas que compartimos en este vasto mundo.José pardal
    5 min
  • La grulla claudia y lobo pescador malicioso
    Ramiro era un lobo que vivía cerca de un lago. Le encantaba pescar y se pasaba horas y horas en la orilla esperando a que algún pez picara su anzuelo. Un día, mientras estaba pescando, vio a una grulla que se acercaba al lago. La grulla se llamaba Claudia y era muy elegante y orgullosa. Ramiro se quedó admirado por su belleza y quiso hablar con ella. - Hola, ¿qué haces aquí? - preguntó Ramiro. - Hola, vengo a beber agua y a refrescarme - respondió Claudia. - ¿Te gustaría pescar conmigo? Tengo un anzuelo muy bueno y hay muchos peces en el lago - ofreció Ramiro. - No, gracias. Yo prefiero usar mi pico para atrapar a los peces. Es más rápido y más limpio - rechazó Claudia. - Bueno, como quieras. Pero te estás perdiendo una buena oportunidad - insistió Ramiro. Claudia se alejó de Ramiro y se fue a otro lado del lago. Ramiro se sintió ofendido y pensó que Claudia era muy presumida y antipática. Decidió olvidarse de ella y seguir pescando. Sin embargo, al cabo de un rato, Ramiro se dio cuenta de que no había pescado nada. Miró alrededor y vio que Claudia tenía el pico lleno de peces. Se sintió celoso y frustrado. - ¿Cómo lo haces? ¿Qué truco tienes? - preguntó Ramiro. - No tengo ningún truco. Solo uso mi pico y mi habilidad - respondió Claudia. - ¿Y no me podrías enseñar? - rogó Ramiro. - Lo siento, pero no puedo. Cada uno tiene su forma de pescar y la mía es solo para las grullas - dijo Claudia. Ramiro se enfadó y pensó que Claudia era muy egoísta y desagradable. Decidió vengarse de ella y le tendió una trampa. Le dijo que había encontrado un lugar donde había muchos más peces y que si quería le podía llevar allí. Claudia aceptó confiada y siguió a Ramiro hasta una zona pantanosa. Allí, Ramiro le dijo que se metiera en el agua y que esperara a que los peces vinieran a ella. Claudia hizo caso y se metió en el agua. Pero lo que no sabía era que Ramiro había atado una cuerda a su pata y la había sujetado a un árbol. Cuando Claudia quiso salir del agua, se dio cuenta de que estaba atrapada. - ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Me han enganchado! - gritó Claudia. - Ja, ja, ja. Te lo mereces por ser tan soberbia y tan tacaña - se burló Ramiro. - ¿Qué? ¿Has sido tú? ¿Por qué me has hecho esto? - preguntó Claudia. - Porque me has ofendido y me has humillado. Ahora vas a pagar por tu arrogancia - dijo Ramiro. Ramiro se acercó a Claudia con intención de comérsela. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, oyó un ruido en los arbustos. Era un cazador que había visto la escena y que apuntaba con su escopeta a Ramiro. - ¡Un lobo! ¡Qué suerte! Voy a cazarlo - dijo el cazador. Ramiro se asustó y quiso escapar. Pero entonces se dio cuenta de que también tenía una cuerda atada a su pata y que la había sujetado al mismo árbol que Claudia. - ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Me han enganchado! - gritó Ramiro. - Ja, ja, ja. Te lo mereces por ser tan malvado y tan cruel - se burló Claudia. - ¿Qué? ¿Has sido tú? ¿Por qué me has hecho esto? - preguntó Ramiro. - Porque me has traicionado y me has amenazado. Ahora vas a pagar por tu maldad - dijo Claudia. Claudia se alejó de Ramiro con su pico.Pues después, el cazador se acercó a Ramiro y le disparó. Ramiro cayó al suelo sin vida. Claudia se sintió aliviada y agradecida. Usó su pico para cortar la cuerda que la ataba y se liberó. Luego voló hacia el lago y se reunió con sus amigas las otras grullas. Les contó lo que le había pasado y les advirtió del peligro de los lobos y de los cazadores. Las grullas le dieron las gracias y le dijeron que era muy valiente y muy inteligente. Claudia se sintió feliz y orgullosa. Y así termina el cuento. JOSÉ PARDAL
    5 min
  • Dos mapaches en Mallorca
    Rocky y Luna fueron dos de esos mapaches que se encontraron en una situación complicada después de la liberación. Separados de sus familias y desorientados, se unieron para enfrentar los desafíos que les esperaban. Juntos, exploraron los bosques y campos de Mallorca en busca de comida y refugio, aprendiendo a sobrevivir en un entorno desconocido.JOSÉ PARDAL
    4 min
  • el sapo que queria ser un albertosaurio
    **El sapo que quería ser un albertosaurio** Había una vez, en la época de los dinosaurios, un sapo llamado **Agapito** que vivía en una pequeña charca. Agapito era un sapo muy diferente a los demás. Era un sapo muy pequeño y feo. Tenía la piel verde y arrugada, y los ojos saltones. Los demás animales de la charca se burlaban de Agapito. Le decían que era un "sapo feo" y que nunca sería nada. Pero Agapito no se dejaba abatir. Sabía que era diferente, pero también sabía que era especial. Agapito tenía un sueño: quería ser un albertosaurio. Los albertosaurios eran dinosaurios muy grandes y poderosos. Eran los depredadores más temidos de la época. Agapito sabía que era imposible que un sapo se convirtiera en un albertosaurio. Pero él no se rendía. Agapito pasaba horas imaginando que era un albertosaurio. Se imaginaba corriendo por la pradera, cazando a sus presas y siendo el rey de la selva. Un día, Agapito estaba soñando con ser un albertosaurio cuando escuchó una voz. - ¿Qué estás haciendo? - preguntó la voz. Agapito se despertó y vio a un albertosaurio de pie frente a él. - Estoy soñando con ser un albertosaurio - dijo Agapito. [Image of Albertosaurio] El albertosaurio se rió. - ¿Un albertosaurio? - preguntó. - ¿Un pequeño sapo como tú quiere ser un albertosaurio? Agapito se sintió avergonzado. - Lo sé - dijo. - Es imposible. Pero es mi sueño. El albertosaurio se quedó mirándolo por un momento. - ¿Sabes qué? - dijo. - Creo que deberías cumplir tu sueño. Agapito se sorprendió. - ¿De verdad? - preguntó. - Sí - dijo el albertosaurio. - Si quieres ser un albertosaurio, entonces tienes que trabajar duro para conseguirlo. El albertosaurio le dio a Agapito un consejo. - Si quieres ser fuerte, tienes que comer mucha comida - dijo. - Si quieres ser rápido, tienes que entrenar todos los días. Y si quieres ser valiente, tienes que enfrentar tus miedos. Agapito agradeció al albertosaurio por su consejo. - Lo haré - dijo. - Cumpliré mi sueño. Agapito comenzó a trabajar duro para cumplir su sueño. Comía mucha comida para hacerse fuerte. Entrenaba todos los días para hacerse rápido. Y enfrentó sus miedos, incluso cuando los demás animales se burlaban de él. Pasaron muchos años, y Agapito se convirtió en un sapo muy fuerte, rápido y valiente. Ya no era el pequeño y feo sapo que era antes. Un día, un grupo de albertosaurios estaba cazando en la pradera. Los albertosaurios vieron a Agapito y se sorprendieron. - ¿Qué es eso? - preguntó uno de los albertosaurios. - Es un sapo - dijo otro albertosaurio. - Un sapo que quiere ser un albertosaurio - dijo el tercer albertosaurio. Los albertosaurios se rieron. - Eso es imposible - dijo uno de los albertosaurios. - No es imposible - dijo Agapito. - Soy un albertosaurio. Los albertosaurios se quedaron mirándolo por un momento. - ¿De verdad? - preguntó uno de los albertosaurios. - Sí - dijo Agapito. - Y estoy listo para demostrarlo. Agapito se enfrentó a los albertosaurios. Peleó contra ellos con todas sus fuerzas. Los albertosaurios estaban sorprendidos por la fuerza y el coraje de Agapito. Finalmente, los albertosaurios se rindieron. - Eres un albertosaurio de verdad - dijo uno de los albertosaurios. - Sí - dijo Agapito. - Y estoy aquí para quedarme. Los albertosaurios aceptaron a Agapito como uno de ellos. Agapito finalmente había cumplido su sueño. Se había convertido en un albertosaurio. Agapito vivió feliz para siempre con los albertosaurios. Era un miembro respetado de la manada, y siempre estaba listo para ayudar a los demás. La historia de Agapito nos enseña que si queremos cumplir nuestros sueños, tenemos que trabajar duro y nunca rendirnos.JOSÉ PARDAL
    5 min

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