Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco, de Arthur C. Clarke, es un libro difícil de clasificar. A medio camino entre la fantasía y la ciencia ficción, mezclado con multitud de toques de humor, en él se pueden encontrar quince improbables historias, narradas de viva voz por quien parece ser el mismo autor en un pub londinense en el que se reúne semanalmente un selecto grupo de escritores, científicos, periodistas y editores. La gran estrella de esta tertulia es Harry Purvis, jactancioso y ocurrente fabulador que aprovecha cualquier ocasión para abrumar a sus amigos con extraños sucesos de los que ha sido supuesto testigo o privilegiado conocedor.
Inventos sorprendentes, situaciones impensadas y experimentos audaces (máquinas para producir silencio, reproducir el placer sexual o fabricar melodías perfectas, buques que aran los océanos, computadoras para uso militar que adoptan comportamientos pacifistas, colonias de termitas que incorporan conocimiento humano, etc.) constituyen la trama, ingeniosa e imaginativa, de este libro.
En este tercer episodio continuamos escuchando a Harry Purvis contarnos historias inverosímiles, y algo picantes como en esta ocasión. Drew, por favor, sírveme un buen Lagavulin, que hoy me apetece algo más fuerte.