Había una vez un niño llamado Juanito, apodado "El Niño Frijolín" debido a su amor por cultivar frijoles en su pequeño huerto. Juanito vivía en un pequeño pueblo situado en medio del desierto del Sahara, en el remoto distrito de Kufrah, en el sur de Libia. A pesar de la aridez del lugar, Juanito se dedicaba con pasión a cultivar sus frijoles. Sabía que el agua era un recurso escaso, pero estaba decidido a encontrar una solución para regar su huerto y lograr que sus frijoles crecieran sanos y fuertes. Un día, mientras leía una revista de ciencia, se encontró con un artículo que hablaba sobre el agua fósil que se encontraba debajo de las dunas de arena del desierto del Sahara. Según el artículo, esta agua había estado allí durante más de 10.000 años, cuando la región era mucho más verde y tenía ríos y bosques. Inspirado por esta información, Juanito decidió embarcarse en una aventura en busca de agua. Se armó con una pala, un mapa del área y mucha determinación. Siguiendo las indicaciones del artículo, se dirigió hacia las dunas de arena móviles, donde se encontraba el vasto acuífero fósil. El viaje no fue fácil. El sol abrasador y las dunas interminables pusieron a prueba la resistencia de Juanito, pero él no se rindió. Siguió excavando y buscando, convencido de que encontraría el tesoro oculto bajo la arena. Después de días de búsqueda agotadora, Juanito finalmente descubrió una fuente de agua. Un manantial subterráneo brotaba con fuerza, proporcionando el líquido vital que tanto necesitaba para su huerto. Juanito se llenó de alegría y gratitud. Con el agua encontrada, Juanito regresó a su huerto y comenzó a regar sus frijoles sedientos. Poco a poco, las plantas comenzaron a reverdecer y a crecer con vigor. Los frijoles de Juanito se convirtieron en la envidia de todo el pueblo, y su huerto se convirtió en un oasis en medio del desierto. La noticia sobre el éxito de Juanito se difundió rápidamente, y pronto muchas personas del pueblo comenzaron a seguir su ejemplo. Juntos, excavaron pozos y encontraron más fuentes de agua fósil, permitiendo que el pueblo cultivara una variedad de alimentos y creara un sustento sostenible. Juanito se convirtió en un héroe local, y su apodo de "El Niño Frijolín" se hizo aún más popular. Su valentía y determinación habían transformado el paisaje árido en un lugar próspero y lleno de vida. Con el tiempo, el pueblo de Juanito se convirtió en un ejemplo de cómo los recursos naturales pueden ser utilizados de manera responsable y sostenible. El agua fósil del Sahara, una reliquia de un pasado remoto, se convirtió en la clave para el florecimiento de la comunidad. Y así, gracias a la perseverancia de un niño y su pasión por cultivar frijoles, el desierto del Sahara encontró una nueva vida, y Juanito se convirtió en una leyenda que perduró en los corazones de las generaciones futuras. JOSÉ PARDAL
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