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Aquí se pone todo el corazón y la tripa, el buche y hasta el nenepil en el asador. La pasión se exacerba en estos encuentros en los que casi todos, secretamente, tienen un favorito. En esas grandes finales hasta sientes que el corazón rebota por dentro y la sangre recorre más rápido el circuito de las venas; todos estamos atentos a los comentarios, al radio y, sobre todo, al televisor.
Este es uno de los muchos ritmos tropicales que se desarrollaron en América. A poco no escuchas los primeros acordes del bajo o del acordeón y de inmediato tus caderas comienzan a moverse y quieres menearte al ritmo de la música. Se dice que su nombre viene del vocablo africano cumbé, que significa celebración o festejo.
Se cultiva en Tabasco, Chiapas, Veracruz y Guerrero. Es un ingrediente importante en la comida y la cultura mexicana, y del sabor... ¡de ese ni hablamos! Estoy segura que a ti también te encanta y hasta te pone contento.
Estos maestros te enseñan a buscar en ti mismo y no el exterior; ellos te guían para que las plantas, hongos y cactus, te ayuden a encontrar lo que no sabías que estabas buscando. Hablan con el viento, con las nubes, su comunicación es de otra dimensión.
Aquí se rompen en filas caballeros y damas al encuentro de un balcón, el sonsonete, la fiesta y algarabía se juntan en una tremenda experiencia en los pasillos. Las calles cerradas invitan al cobijo y a la espontaneidad de los versos, la poesía, los chistes, la actuación y el apasionamiento.
Para armar el baile, cualquier motivo es suficiente. A la pista urbana acuden los clubes de baile y bailarines desde los más serios hasta los más exóticos, haciendo gala de sus mejores pasos. Aquí se pueden escuchar los efectos de audio distintivos, presentaciones, temas característicos que como todo, han ido evolucionando con el tiempo.
Hagamos honor a quien honor merece, en esta ocasión el mérito es para aquellos artesanos gastronómicos que, cuando meten la masa al horno, nos llenan el ambiente de deliciosos aromas y desatan el antojo.
Me gustaría que vuelvas en este instante a ser un niño chiquititito… ¿te acuerdas? Porque en esa máquina del tiempo que es nuestra memoria, puedes hacer un montón de cosas. Aunque como chamacos, los juguetes son muy pero muy significativos y somos capaces de defenderlos hasta de un asalto sin que nos pase por la cabeza la idea de la muerte.
La devoción del pueblo mexicano tiene un lugar muy importante en la cultura popular mexicana, por lo que el día de hoy te traigo unas historias llenas de milagros, tradición y artesanías.
Recuerdo que era agradable hablar con otras niñas de tu primaria, escucharlas en su anhelo de bailar el vals o empezar a elegir a sus chambelanes. Un, dos, tres... cuatro, cinco, seis, era el cuadro de la recreación de un vals que revive a Strauss, a Vivaldi o a la mismísima Banda el Recodo.
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