Un aroma sale de la cocina, penetra las narices y se adueña del olfato… No, no proviene de la cocina, sino del patio. Ahí, bajo la tierra, algo se quema; el humo sale a relucir desde el suelo cual volcán activo. Mas nada hay que temer: debajo no yace lava ardiente, pero sí un alimento hirviente. Los ojos no perciben su lenta cocción, aunque la boca babea por su rico sabor: la barbacoa espera a ser servida, y tu tripa ruge por su sabrosa compañía.