NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
DOMINGO, 22 DE JUNIO
EL PROFETA RENUENTE
Esto constituye una lección para los mensajeros que Dios envía hoy, cuando las ciudades de las naciones necesitan tan ciertamente conocer los atributos y propósitos del verdadero Dios, como los ninivitas de antaño. Los embajadores de Cristo han de señalar a los hombres el mundo más noble, que se ha perdido mayormente de vista. Según la enseñanza de las Sagradas Escrituras, la única ciudad que subsistirá es aquella cuyo artífice y constructor es Dios. Con el ojo de la fe, el hombre puede contemplar el umbral del cielo, inundado por la gloria del Dios viviente. Mediante sus siervos el Señor Jesús invita a los hombres a luchar con ambición santificada para obtener la herencia inmortal. Les insta a hacerse tesoros junto al trono de Dios (Profetas y reyes, pp. 204, 205).
Jonás reveló que valoraba menos las almas de aquella desdichada ciudad que su reputación. Temía que lo consideraran un falso profeta. Cuando presenció la compasión demostrada por Dios hacia el pueblo arrepentido, "Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó". "¿No es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? —reclamó al Señor—. Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal".
Cuando Jonás vio que el Señor ejercía sus atributos compasivos al perdonar a la ciudad que había corrompido sus caminos ante él, debería haber colaborado con Dios en su designio misericordioso. Pero perdió de vista los intereses del pueblo. Una vez más cedió a sus sentimientos y, como resultado, no se afligió al pensar que un número tan grande de personas debía perecer porque no se les había enseñado a hacer el bien. Se sintió como si prefiriera morir antes que vivir para ver la ciudad perdonada; y en su insatisfacción exclamó: "Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida" (The Review and Herald, 18 de octubre, 1906, "Nineveh, That Great City", párr. 8, 9).
El Señor le dijo [al profeta Jonás]: "Levántate, y ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí". Jonás 1:1, 2.
Mientras el profeta pensaba en las dificultades e imposibilidades aparentes de lo que se le había encargado, se sintió tentado a poner en duda la prudencia del llamamiento. Desde un punto de vista humano, parecía que nada pudiera ganarse proclamando un mensaje tal en aquella ciudad orgullosa. Se olvidó por el momento de que el Dios a quien servía era omnisciente y omnipotente. Mientras vacilaba y seguía dudando, Satanás le abrumó de desaliento. El profeta fue dominado por un gran temor, y "se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis". Fue a Jope, encontró allí un barco a punto de zarpar y "pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos". Vers. 3.
El encargo que había recibido imponía a Jonás una pesada responsabilidad; pero el que le había ordenado que fuese podía sostener a su siervo y concederle éxito. Si el profeta hubiese obedecido sin vacilación, se habría ahorrado muchas experiencias amargas, y habría recibido abundantes bendiciones. Sin embargo, el Señor no abandonó a Jonás en su hora de desesperación. Mediante una serie de pruebas y providencias extrañas, debía revivir la confianza del profeta en Dios (Profetas y reyes, pp. 198, 199).