DEVOCIÓN MATUTINA VESPERTINA
“SALMOS”
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
03 DE SEPTIEMBRE
SALMO 27
«Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes» (SAL. 27:13, RVR1960).
El Salmo 27, escrito por David, nos presenta cómo él trato con diferentes situa-ciones difíciles en la vida, fue perseguido por sus enemigos y aun hasta su propio hijo lo buscaba para matarlo. Su fe fue probada de muchas maneras.
Ninguno de nosotros estamos exentos de momentos de adversidades, angustias, traiciones, envidias y malentendidos; de alguna manera has estado allí y, créeme, yo también.
Este mundo es un valle de lágrimas y eso no va a cambiar debido al pecado que comenzó en Génesis 3 y, por lo tanto, de este lado de la gloria no vamos a vivir sin circunstancias dolorosas. La tierra está bajo maldición debido al pecado de Adán y Eva, pero gracias a Dios, quien en Su gracia y misericordia envió a Cristo, Su Hijo, quien vino a dar Su vida en la cruz para el perdón de pecados, Él nos muestra Su victoria sobre la muerte de tal manera que tengamos la esperanza de estar un día en nuestro verdadero hogar, el cielo.
Lo único que tenemos como cristianos en este mundo es la fe en nuestro Señor y Su bondad. David era ya viejo y sus fuerzas habían decaído, pero tenía su confianza en Dios, quien nunca lo desampararía. David hace alusión a las personas que no deben abandonarnos, como nuestros padres, y es tal su confianza en Dios que dice: «Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos» (Sal. 27:10).
¿Quién es el Señor en quien confías? Él es tu luz, tu salvación, tu fortaleza y quien nos defiende. Podemos ver en este salmo cómo David elogia estas características de Dios.
David expresa su confianza y sabía quién era Dios. Nosotros lo sabemos también y aun en una forma más exacta por medio de Jesús que resucitó y nos dio al Espíritu Santo que mora en nosotros, quien es nuestro gran intercesor en medio de nuestra debilidad y ora conforme a la voluntad del Padre. Por lo tanto, sin importar nuestras circunstancias, somos victoriosos en Cristo. Además, debemos tener la confianza en las siguientes palabras:
«Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios» (Rom. 8:26-27).
Recuerda que no importa lo que estés pasando, así como David, un hombre con las mismas debilidades nuestras, puedes poner tu confianza en Dios.