Nadie me había dicho nada.
Y yo tampoco me iba a poner a buscar. Claro está.
Así que cubrí mi térmica negra con el poncho que había comprado(si no sabes lo que es haz clic aquí y mira mi última foto en Instagram).
Me sentía extraño, pero poco me importaba. Quería llegar arriba.
A mitad de camino mis oídos estaban protagonizando un terremoto, y todo el sudor recorría lentamente mi cuerpo (o por lo menos así lo sentía)
Y sin esperarlo. Mire a los lados por sí había alguien entre las montañas que estuviese observándome y lo hice.
Me quité la ropa. Bueno, la térmica.
Estaba dispuesto a hacer lo que hiciese falta por llegar ahí arriba.
Incluso si eso significaba quedarse desnudo para que no me diese un patatús.
La verdad, , no estaba preparado para subir a lo alto de Machupicchu.
Pero sí estaba dispuesto.
Y lo mismo pasó cuando empecé a emprender.
No tenía apenas dinero, la única vez que había tocado un ordenador era para utilizar el messenger y no sabía lo que era vender.
Preparación 0.
Ahora bien, quería tanto poder saborear la libertad de no tener un horario fijo con un jefe fijo, que estaba dispuesto a hacer lo que hiciese falta, las veces que hiciese falta.
Disposición 100.
Gente preparada hay mucha, pero gente dispuesta no tanta.
En este vídeo de aquí te cuento brevemente como terminé (casi) desnudo en lo alto de Machupicchu.
>>Sólo tienes que tocar aquí