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En el episodio anterior hablábamos de guerras estúpidas: guerras que saben muy bien contra quién luchan, pero no saben para qué. Guerras que empiezan con una justificación solemne y acaban atrapadas en un punto muerto estratégico, con más destrucción que proyecto.
Hoy miramos al otro lado de la mesa. No tanto a las guerras, sino a las potencias que tienen que vivir rodeadas de ellas sin convertirse en carne de menú. Porque en un mundo de guerras mal pensadas, la pregunta incómoda no es sólo “¿por qué luchan los grandes?”, sino “¿qué pasa con los que no pueden mandar, pero tampoco quieren ser mandados?”.
Hace unos meses, en Davos, Mark Carney, primer ministro de Canadá, se plantó delante de una sala llena de ejecutivos, diplomáticos y jefes de Gobierno y soltó una frase que ya es eslogan:
“Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú.”
La versión diplomática se entiende: si no estás en la negociación, eres objeto de la negociación. La versión menos diplomática suena más así: hoy te quito Groenlandia, mañana regalo Ceuta a un amigo, pasado vendo Taiwán a un rival. Ese es el menú del que habla: territorios, recursos y sociedades convertidos en fichas de negociación de las grandes potencias.
La pregunta fuerte del episodio es sencilla y desagradable: ¿pueden la Unión Europea y países como España dejar de ser menú en ese mundo, o la Doctrina Carney es sólo una forma elegante de gestionar un papel secundario?
Bloque 1 – Realistas, liberales y el “realismo basado en valores”
Explicamos, en idioma ciudadano, la diferencia entre la escuela realista (poder, seguridad, jerarquías) y la escuela liberal (normas, instituciones, cooperación) y vemos cómo Carney intenta una síntesis incómoda: un realismo basado en valores que asume que el mundo es hobbesiano, pero insiste en que las potencias medias no pueden renunciar del todo a los principios que las legitiman.
Bloque 2 – Carney y la alianza de potencias medias
Contamos quién es Carney, de dónde viene su mirada (Banco de Canadá, Banco de Inglaterra, FMI, ahora política canadiense) y qué propone exactamente: una alianza flexible de potencias medias –Canadá, UE, Japón, Corea del Sur, Australia…– que actúen juntas en comercio, minerales críticos, tecnología verde y seguridad energética, y que traduzcan sus valores en reglas concretas.
Hablamos de la ironía estructural: este “realismo basado en valores” nace desde un país plenamente integrado en el sistema occidental, que intenta salvar lo que se pueda de un orden basado en reglas en plena ruptura.
Bloque 3 – La Unión Europea como potencia media colectiva
Miramos a la UE con las gafas de Carney: no como superpotencia moral, sino como potencia media colectiva que necesita alianzas si no quiere pasar de comensal a menú. Recuperamos debates sobre autonomía estratégica, la tensión entre Estados Unidos y China y la necesidad de que Europa deje de verse como árbitro neutral para asumirse como actor con intereses, miedos y dependencias.
Nos preguntamos hasta qué punto el “realismo basado en valores” de Carney encaja con una UE que predica principios pero aplica un realismo muy selectivo en su política exterior.
Bloque 4 – España: potencia media dentro de una potencia media
Bajamos la cámara a España. Usamos los datos del Índice Elcano de Presencia Global para situarla en el mapa como potencia media con presencia global: entorno del puesto 12–13, fuerte en poder blando y con geografía valiosa (Atlántico, Mediterráneo, puente con América Latina y África).
Hablamos de España como posible nodo entre Europa, América hispana y África, y de la ventaja comparativa en ciertos espacios africanos donde otros socios europeos han quemado su capital político. También entramos en los límites: dependencia del hard power estadounidense, capacidades industriales y tecnológicas limitadas, contradicciones internas y tentación de hacer política exterior a golpe de consumo interno.
Bloque 5 – Límites de la revolución realista: de la mesa al menú
Cerramos mirando los límites materiales y ideológicos de la Doctrina Carney:
Dependencia estructural del hegemón (EE. UU.) en seguridad y en ciertas cadenas económicas.
Valores aplicados de forma selectiva que pueden convertir el “realismo basado en valores” en un “realismo basado en intereses con valores como decoración”.
Techo de ambición: muchas potencias medias buscan sobre todo sobrevivir y adaptarse, no transformar el sistema.
De aquellos polvos –la globalización alegre, la fe en el multilateralismo, la idea de Europa como potencia normativa que podía prescindir del poder duro– vienen estos lodos: una UE que descubre que es otra potencia media más en un mundo de bloqueos, sanciones y guerras estúpidas, y una España que intenta ser potencia media dentro de esa potencia media, con margen real… pero limitado.
Si te interesa entender qué puede hacer la UE, España y otras potencias medias en un mundo donde las grandes juegan cada vez más duro, este episodio es el segundo escalón del bloque: de la guerra estúpida (E‑51) al realismo basado en valores (E‑52).
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