El Dios de Pablo es nuestro Dios, y suplirá toda nuestra necesidad. Pablo estaba seguro de esto en relación a los filipenses, y nosotros estamos seguros de esto en cuanto a nosotros mismos. Dios lo hará, pues así es Él: Él nos ama, se deleita en bendecirnos, y, haciéndolo recibirá la gloria.