Todos sabemos de Quién se trata. ¿Quién podría ser sino el Segundo Hombre, el Señor del cielo, el Varón de dolores, el Hijo del hombre? ¡Qué escondedero ha sido Él para Su pueblo! Él propio soporta la plena fuerza del viento, y así protege a aquellos que se esconden en Él.