
Sign up to save your podcasts
Or


A quien corresponda,
Hoy es primero de junio del 2025.
Igual y sabes, igual y no te has enterado, pero llevo varios meses (desde mi cumpleaños) escribiendo una novela (o dos al mismo tiempo, con la esperanza de que por lo menos salga una buena).
Lo que seguro si no sabes (y no tienes por qué saber), es que mi novia anda de viaje, y con la tensión de la distancia, hoy enunció la duda que comparte con mi mamá, con mi papá, con mis tias, y con la mayoría de la gente que se acerca lo suficiente a mí como para ver el misterio de mi interior desde cerca. Octavio Paz le puso el nombre que más me ha convencido hasta la fecha: "El laberinto de la soledad". La soledad del escritor, la incertidumbre que proyectamos los que no nos hemos ganado un premio Nobel, pero que de todos modos seguimos escribiendo, sin compartirlo con nadie. Pero si compartiendo mi proceso puedo difuminar la atmósfera entre ese misterio y el mundo exterior, que así sea.
Va por mí, (por ella obviamente), por la gente que quiero, y por ti que estás leyendo; pero principalmente, por ti, que como yo, escribes en soledad. Para acompañarnos.
Si quieres leer mi libro, vas a tener que pagar por él (cuando esté listo) porque no chingues, si está bien cabrón, y tampoco soy pendejo. Pero este diario es gratis (aunque si te suscribes te vas al cielo el día que te abra la puerta San Pedro).
¿Por qué escribir? ¿Para qué meterme en tanto pedo? ¿Por qué no hacer otra cosa que deje a mi gente más tranquila? ¿Por qué el afán de competir con Chat GPT? Porque me voy a morir (principalmente). Porque algún día me voy a hacer viejo y voy a sentarme en la misma pinche silla vieja en la que me he sentado los últimos veinte o treinta años de mi vida y me voy a poner a pensar en qué chingados hice con el regalo de haber nacido, y porque soy bien pinche terco, y quiero decirle a mis nietos, la vida está bien verga wey, tú eres único y puedes hacer con el tiempo que te toca lo que tú quieras, sin mentiras en los ojos, con una sonrisa real, un mezcal o una cerveza, un perro viejo como yo, salir a que me de el sol, agarrarle la nalga a mi mujer y decirle, ¿a poco no vivimos una vida bien chingona, hartamente preciosisíma? Ahuevo que si. Pero no te asustes mamá, no solamente por eso.
¿De que sirve el "arte" para la humanidad"?
Sí sirve de algo, no es nomás pare entretenerse. No está reservado ni para los ricos ni para los sabiondos. El oficio de crear no es nuevo, ni pasajero. Desde hace un chingo de tiempo la gente se disfraza de animal o se pinta de colores, se pone a cantar o a bailar alrededor del fuego, o se sube a un escenario, o se pone a gritar o a tocar la guitarra en un tablado. Es algo tan fundamental como el lenguaje, pero al lenguaje su novia no le anda cuestionando nada, porque lo necesita para preguntar.
Si tienen preguntas, no se las pregunten a Chat GPT, pregúntenselas a ustedes mismos, pregúntenselas a los autores de los libros, a las pinturas, a las rolas que los prenden, a las películas que los mueven. O si ya, de plano la quieren más pelada, invítenle una cheve a su primo que escribe, un café a su tia que pinta o júntense entre amigos a platicar lo que les incomoda, pero ya dejen en paz al pobre Chat, que suficiente chamba tiene escribiendo ensayos de inglés para los adolescentes en secundaria. O si no quieres andar buscando en todos lados y confías en mí, sigue leyendo mañana, porque a mí me gusta buscar y me gusta escribir, y con un chingo de gusto, yo te lo cuento.
Una disculpa para todos los que ayer no pudieron escuchar mi bella voz (y se quedaron con las ganas), ya sirve el reproductor.
Te dejo un reproductor aquí arriba por si quieres escucharme leer contigo esta carta. Te recomiendo usar audífonos.
No es casualidad que te sientas miserable. De hecho, ser miserable es la consecuencia de una incoherencia biológica por no habernos acostumbrado a la velocidad con la que ahora cambian las cosas. Pero no voy a escribir para que llores o te deprimas. Voy a escribir porque aunque somos miserables, no tenemos que serlo todo el tiempo.
Probablemente te has topado con la imagen del vaso a la mitad, y el estúpido dilema que lo acompaña. ¿Medio vacío o medio lleno?
En lugar de justificar una perspectiva visual o retórica, deberíamos enfocarnos en entender porqué para algunas personas es suficiente tener (por lo menos) la mitad y para otras es inaceptable la idea de que le falte algo al vaso. ¿Quién nos robó la mitad que le falta?
No sería descabellado pensar que estamos viviendo el mejor momento en la historia de la humanidad, pero para mí sería decepcionante conformarse con que el punto más alto, sea la actualidad. Así que para dejar de pelearnos sobre qué mitad le falta al vaso, sería necesario viajar en el tiempo para tener una perspectiva un poco más clara sobre cómo vaciarlo o llenarlo hasta el borde. Pero como no tengo superpoderes, vamos a tener que confiar en la historia a mi disposición.
Un viaje en el tiempo
Hace algunos miles de años, mientras los humanos eran cazadores-recolectores, el cuerpo estaba (a través de las generaciones) optimizando el consumo de recursos y el sistema de estímulos-respuesta, para que en un mundo sin Walmarts ni HEBs para comprar comida, nuestros ancestros pudieran sobrevivir.
En esos tiempos las personas no comían diario. De hecho, tenían que lidiar personalmente con la muerte de un animal (que bien podría matarlos o correr más rápido que ellos), para poder alimentar a su tribu. O sin la ayuda de una base de datos diferente a su memoria de cavernícola, identificar qué planta se comía y qué otra envenenaba. Lo que se traduce a una participación activa del individuo sobre su alimentación, su cuerpo, su consumo de energía, su entorno y su comunidad. Además de mucha claridad sobre las consecuencias cuando uno la cagaba. Porque si te tropiezas en frente de un puma, te mueres. Si no sabes qué te metes a la boca, también te podías morir. Y si no le caías bien al más pistolas de la tribu, posiblemente perdías el derecho a dormir acompañado en una cueva segura y calientita. Y así se fue adaptando nuestro cerebro para prevenir que durmiéramos solos y con frío.
Como siempre hay alguien que sabe más que la mayoría, en esos tiempos de lanza y taparrabos, si no confiabas en el que tenía talento para predecir el clima o la migración de los venados, te las arreglabas por tu cuenta.
Autoconocimiento, empatía, cooperación y confianza eran los pilares de las sociedades del pasado. Ahora no sabemos ni quién somos, ni qué es verdad. Se la mentamos al vecino y no confiamos ni en nosotros mismos.
¿Qué salió mal?
¿Cambiaron nuestras prioridades o perdimos la capacidad de tomar decisiones?
No lo sé, pero desde que la selección dejó de ser natural y empezamos a separar el maíz para que tuviera más grano y a las vacas más gordas que corrían menos para que rindieran más, la incertidumbre fue reemplazada por la comodidad y los excesos. Sobreproducción y almacenamiento para guardar comida pa la perra; hambre de al rato. Lo que nos lleva al problema más grande de nuestros tiempos.
El valor de las cosas, la distribución de riqueza y la selección artificial.
- ¿Por qué tengo que darte tres chivos por un huevo cuando me podrías dar diez huevos por un chivo?
- Porque te pongo en tu madre.
Si volvemos al pasado, después de dos o tres putizas, algún flacucho con muchos chivos y pocos huevos, tuvo que seducir a algunos vatos bien mamados para que le ayudaran a regular la justicia en los intercambios. Quien no estuviera de acuerdo con lo que se anunciaba en la plaza los domingos de tianguis, se las arreglaba con los mamados.
La verdad no soy historiador, pero el flacucho engordó para ser banco, su casa se convirtió en estado y los mamados son ya una fuerza militar. Pero la opresión era muy clara antes del internet. El que tenía disfrutaba y el que no, se la pelaba.
El problema es que ahora los que no tienen no se quejan porque están anestesiados por su propia voluntad. Desde que existen la pornografía gratis y tiktok, la juventud se ha sumergido en una especie de trance por la sobrecarga de estímulos que se aprovechan de lo que el cerebro antes necesitaba para sobrevivir. Pero ahora la gratificación es instantánea y no hace falta darse un tiro con un animal para sentirse emocionado.
En el mundo actual, la validación externa es prácticamente irrelevante para nuestra supervivencia. Quedarse afuera de lo "cool" no se compara con dormir afuera de la cueva. Pero el flacucho fue muy listo al darse cuenta que a nuestro sistema de recompensa no le alcanza para bailar a su ritmo y nos volvemos insuficientes.
Si en el kínder tu dibujo del cielo no es azul: no eres suficiente.
Si en la primaria no levantas la mano para ir a mear: no eres suficiente.
Si a los 15 no has dado tu primer beso: no eres suficiente.
Si a los 18 no entras a la universidad: no eres suficiente.
Si te gradúas sin trabajo o sin negocio: no eres suficiente.
Si a los 30 no has encontrado al amor de tu vida: no eres suficiente.
Si a los 60 no eres rico como para dejar de trabajar: no eres suficiente.
Si te mueres sólo y en una jaula: es por querer ser suficiente a su manera.
El club de los inadaptados
Me cae que no soy el primero en darse cuenta que se puso raro el after. Así que rescatando un poco de lo que aprendí leyendo hoy, me complace compartir dos ideas que me parecen muy importantes para salir del hoyo:
1. Como mi cuerpo está optimizado para operar en un ambiente de tribus y taparrabos y no de porno y tiktok, la desaprobación social duele más de lo que importa.
2. Si la biología y la sociedad conspiran contra mi salud, es mi responsabilidad rescatar los pilares de la independencia: Autoconocimiento, empatía, cooperación y confianza.
Menos veneno y más libros. Menos tiktok y más desasosiego.
-Ban Ban
Te dejo un video por si te quedaste con ganas de más.
From the publisher's feed