Este Santo nació por el año 305, y fue criado pobremente, con el trabajo de sus manos, de acuerdo al estado de sus padres. Aprendió el oficio de carpintero, y lo ejercitó durante algunos años; pero a los 29 años de edad, llevado por el espíritu de la perfección, se retiró a la soledad, bajo la conducta de un anciano experimentado en el camino de la salvación.
Ya había llevado diez o doce años en el desierto, cuando murió ese anciano. Juan, privado de este apoyo, se ocupó de visitar varios monasterios, para instruirse a fondo en la disciplina monástica. Enriquecido por todas las virtudes que su vigilancia y atención le habían hecho recoger en estas santas casas, se retiró a una montaña situada a una legua de Licópolis, en la Tebaida. En esta montaña eligió como su habitación un lugar de un acceso muy difícil, para estar menos expuesto a las visitas, y distribuía su tiempo entre el trabajo de las manos y el santo ejercicio de la oración...
Desaprobaba toda virtud de capricho y voluntad de fantasía, porque el Evangelio, que nos manda ser virtuosos, está fundado sobre la verdad, que no es otra cosa que un constante amor al orden y a la justicia. Habiendo prolongado su ayuno más de lo acostumbrado, reconoció que lo había tentado el demonio y se arrepintió de esto pues dijo que lo había hecho para tentarlo con mayor eficacia. No cayó más en esto, y Dios lo llamó para sí, el año 395.