Llegamos en época de lluvias a Tailandia, y a pesar de los avisos y los malos augurios, estamos encantadas de haber venido en esta época. No hay casi gente, es todo más barato y sobretodo las lluvias son algo muy impactante. En Bangkok, casi todos los días hacia mediodía rompe una lluvia pesada, densa, fuerte y repentina que detiene la ciudad. Todos paramos y esperamos serenos a que pase, con la mayor naturalidad. Esa lluvia limpia y recompone la energía del día para dejar una calma difícilmente explicable. El brillo del agua se refleja en todo, como una extraña pátina. Personalmente, la lluvia me refugia y en Bangkok es sorprendente verlo.