El capitulo aborda la importancia de la autopromoción en el arte contemporáneo, en un contexto donde la humildad puede llevar a la invisibilidad debido al volumen de contenido en plataformas digitales. Destaca que, para destacar, se necesita no solo talento, sino también visibilidad y una promoción efectiva. Sostiene que ser el principal promotor de uno mismo permite crear un marco a través del cual otros pueden apreciar el arte, y subraya la necesidad de contar una historia atractiva sobre las obras para enriquecer la experiencia del espectador y añadir valor. Además, argumenta que la confianza en el propio trabajo fortalece al artista frente a críticas y rechazos, y concluye que el arte merece ser reconocido y valorado a gran escala, invitando a los artistas a ser vocales y celebrar sus logros para asegurar que su trabajo sea celebrado y apreciado.