Cuando los seres humanos enfrentamos dificultades, problemas o reveses en la vida, tendemos a revalorar las cosas importantes, pero, cuando todo vuelve a la normalidad, volvemos a dejar lo esencial. El cristiano corre el riesgo de mundanizarse y alejarse de Dios, negarse a obedecer y seguir a Cristo. Las obras de la carne es lo que nos impide ser fieles a Dios, pero Jesús nos pide escuchar su voz, seguirle y obedecer su palabra.