La naturaleza del ser humano con facilidad le lleva por caminos de superioridad, orgullo, menosprecio de los demás y, en los casos más extremos, al desprecio del otro, como el fariseo del Evangelio. Jesús nos invita a reconocer las grandezas que Dios ha obrado en nosotros, como lo hizo María y, como ella, ejercer la caridad, brillar con la luz de Dios y vivir en constante humildad.