La santidad comienza con una decisión valiente de alcanzarla y se vive como una lucha emocionante e interminable en su búsqueda y lo que se encuentra en este camino no es otra cosa que felicidad, dicha, gozo, se encuentra el Reino mismo de Dios, aquí y ahora, y esto lleva a su plenitud al corazón y la vida de todo aquel que logra conquistarlo.