Los cristianos estamos llamados a obedecer la ley, a seguir los mandamientos que Dios nos propone, porque no podemos burlarnos de Dios esperando que nuestras acciones, buenas o malas, no tengan consecuencias. Si obramos mal, seremos responsables del mal que nos suceda y si hacemos el bien, seremos merecedores del bien que Dios nos ofrezca.