Cuando todo nos parece sin sentido o creemos que todo está perdido, cualquier buena noticia nos parece, más bien, una locura o algo irreal, sin embargo, la resurrección de Jesús nos invita a confiar plenamente en las promesas de Dios, sabiendo que él nunca se desdice, ni se arrepiente. Las promesas que Dios hace, siempre se realicen, aunque tarden o nosotros nos desesperemos.