El hecho de que Jesús declare que existe un castigo para quienes ignoran al que sufre o al necesitado, debe hacernos pensar en nuestra actitud ante los invisibles del mundo de hoy; esas personas a las que sabemos que sufren, pero las ignoramos porque tenemos cosas más importantes o por nuestro egoísmo. La verdadera pobreza es no conocer a Dios y tenemos la responsabilidad de predicar el evangelio de Cristo para que los hombres aprendan a ser generosos, caritativos y merezcan ganar el reino de los cielos.