Jesús nos invita a dejar nuestras dudas y creer que Él, verdaderamente ha resucitado. Inclusive extiende sus manos a nosotros para que creamos que por Él tenemos la libertad de ir al Reino, ¡por Cristo somos bienvenidos!
Al ser herederos del Reino somos partícipes también de aquella paz y alegría que se han enraizado en nuestro corazón debido a que Cristo habita en cada uno de nosotros.
Seamos pues portadores de esta alegría y esta paz para expandir el Reino a todo lugar.