Dentro de este mundo que vive a las prisas, hay una certeza muy clara y es la que escuchamos en la reflexión de este domingo: «pidan y se les dará, busquen y encontrarán».
Hermanos, los tiempos del Padre no son iguales a los nuestros. Aprendamos a hablar con Él de modo que nunca olvidemos que su misericordia es eterna y que siempre da a manos llenas. Oremos con la mirada puesta en el futuro, pues Dios siempre cumple sus promesas.