En estos versículos, Pablo expresa su profundo dolor y sinceridad al afirmar que estaría dispuesto a ser separado de Cristo si eso significara la salvación de su pueblo, los israelitas. Reconoce los privilegios únicos que Dios les otorgó, como la adopción, la gloria, los pactos, la ley, el culto y las promesas. Además, destaca que de ellos procede Cristo según la carne, quien es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Este pasaje refleja el amor sincero de Pablo por su nación y enfatiza la importancia del plan redentor de Dios a través de Israel.