Todo esto me hace pensar que así como fue construido el templo de Dios por Salomón, con todos los cuidados y con el mayor esmero, hoy debo tener en cuenta que construyo el templo de mi cuerpo cada día y tengo que hacer de la misma manera que hizo salomón, ya que ahora en mí, Él vive, soy el templo del Sr. como soy parte de la iglesia de Cristo y todos en conjunto formamos el gran templo de Dios, donde nos reunimos para alabarlo, adorarlo, escuchar su palabra, presentar mis ofrendas, debo ser muy diligente para recibir la misma promesa que recibió Salomón, así Él obrara en mi vida, y debo, perseverar dando testimonio como David para Salomón su hijo.