2. Si participamos de una experiencia de fe en algún grupo, movimiento o congregación, debemos tener en cuenta que primero somos cristianos y seguimos el Evangelio de Jesús.
3. Los ministros deben cuidarse del orgullo y reconocer que unos siembran, otros riegan, pero es Dios quien recoge frutos. Todo es obra de Dios.
4. Los ministros deben vivir siempre en la doble dinámica de la oración personal diaria, íntima, en silencio, en diálogo con Dios, para salir a la tarea de evangelización, a todos los pueblos, tal como lo hacía Jesús.